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Maternidad de Renoir

Publicado por A. Cerra

El apellido Renoir sin duda es famoso por los cuadros del famoso artista impresionista, pero lo cierto es que el pintor tuvo hijos y el segundo de ellos, Jean, se dedicó al cine con gran éxito, e incluso llegó a ganar un Óscar honorífico por toda su carrera. Hoy vamos a conocer al gran pintor mediante las palabras de su hijo Jean Renoir (1894 – 1979) quién considera que el matrimonio y la paternidad le cambiaron por completo la vida a su progenitor.

Maternidad de Renoir

En su opinión: “más importante que las teorías fue el cambio de estado de soltero a casado. Aquel hombre agitado, incapaz de mantenerse en un mismo sitio, que saltaba de un tren con la vaga esperanza de gozar de la luz tamizada de Guernessey o de perderse en los reflejos de Blida, había olvidado desde su marcha de Gravilleiers el sentido de la palabra hogar. Y he de aquí que de pronto se encontraba en un apartamento con una mujer; con comidas a horas fijas, una cama bien hecha y los calcetines zurcidos. Y a todas esas ventajas venía a añadirse la de un niño. La llegada de mi hermano Pierre en 1885 debió constituir una gran revolución en la vida de mi padre. Las teorías sobre pintura quedaron desplazadas por un hoyuelo en la articulación de un muslo de recién nacido”.

Ese recién nacido es el que pinta en este cuadro de 1886, y la mujer es su esposa Aline Charigot, a la que había conocido unos años antes. Y pese a la diferencia de edad entre ambos, unos 20 años, se enamoraron profundamente, se fueron a vivir juntos y tuvieron un primer hijo, antes de casarse, y después vendría el nacimiento de Jean, al que por supuesto también pintó en este tipo de escenas maternales.

Lo cierto es que para estos años 80, Renoir estaba combinando toda su experiencia impresionista con un momento denominado “agrio”. Algo que se debe a los tonos y también porque es una fase en la que el dibujo vuelve a cobrar fuerza e importante, basta con observar cómo están perfectamente marcadas las líneas del dibujo de las piernas del niño, con la cual se genera una forma en espiral.

No obstante, hay que decir que aquí Pierre-Auguste Renoir plasma una imagen repleta de calidez y afectos, no en vano está pintando a su joven esposa amamantando a su primer hijo. Un hecho que colmó por completo su vida y que además se convirtió en el motivo de inspiración para diversas obras. Es decir, que es una obra de primerísima calidad, pero sobre todo es la declaración de amor de un padre y marido.

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