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Madame Monet leyendo de Renoir

Publicado por A. Cerra

Este óleo pintado sobre lienzo lo realizo Renoir en el año 1874, durante su estancia en la población de Argenteuil en compañía del matrimonio Monet. En la actualidad la obra se conserva en el Museo Gulbenkian de Lisboa.

Tanto Pierre August Renoir como Claude Monet se juntaban en Argenteuil para pintar al aire libre, la esencia de su pintura de estilo impresionista. Es de suponer que tras una jornada al aire libre de ambos pintores, al llegar a casa se encontraron a madame Monet descansando en un diván y leyendo el periódico. A Renoir le atraería la imagen y le pediría que no se moviera y posara durante un rato para él, quién la retrató rápidamente a base de las pinceladas vigorosas y sueltas que se aprecian en la tela.

Madame Monet leyendo de Renoir

Madame Monet leyendo de Renoir

Y aún teniendo en cuenta la rapidez en la ejecución, la obra es de una enorme belleza. Vemos su rostro destacado por las masas oscuras del cabello, y todavía resalta más por el blanco de los cojines en los que se apoya y el azul claro del vestido. Y entre todos esos tonos diluidos destaca la mancha roja en la manga del vestido, que Renoir aprovecha como elemento cromático que aún revaloriza más los tonos generales de la imagen.

Una de las características de la técnica de Renoir es su capacidad de dar instantaneidad y frescura a sus composiciones, algo que alcanza unas importantes cotas en este retrato.

Construye todo el cuadro a partir de una composición basada en la diagonal que forma el cuerpo de la mujer, dividiendo el lienzo de este modo en dos triángulos.

Por aquello años, fue el periodo en el que más unido estuvo a Claude Monet, cuando ambos salían a pintar al aire libre. El objetivo de esas jornadas de pintura en el exterior era buscar la vibración de la luz natural, captar los múltiples reflejos lumínicos sobre los distintos elementos, sobre todo en el agua, y plasmar en sus lienzos el lirismo de los colores.

En cuanto a los colores, Renoir usaba una rueda cromática muy grande y completa. De hecho se construyó una que le sirvió de referencia durante toda su carrera artística. En ella recogió los colores del espectro luminoso, o sea los colores en los que se descompone un rayo de sol refractado por un prisma. Esta rueda le servía, como a todos los pintores que la han usado a lo largo de la Historia del Arte, para estudiar y conocer las relaciones armónicas o complementarias entre los distintos tonos. Y con ello él sabía luego como utilizar los colores para que construyeran la composición propia de cada obra, y que entre sí se hicieran más fuertes y destacados, como en este caso donde el tono carnoso del rostro gana en intensidad gracias al cabello oscuro, las cejas y los puntos negros de los ojos, así como se realza por el azul del vestido que se suaviza con las pinceladas ocres del bordado que lo adorna o del tejido que cubre la pequeña mesa a la derecha de la imagen.

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