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Muchacha del aguamanil, Vermeer

Publicado por Laura Prieto Fernández

Vermeer es uno de los grandes artistas del barroco neerlandés y uno de los pintores que cuenta con un estilo muy concreto y personal que hace que sus lienzos sean fácilmente reconocibles. En esta ocasión analizamos un lienzo conocido como Muchacha del aguamanil, en el que apreciamos muchas similitudes con otras obras del artista ya comentadas en este blog.

En primer lugar, se debe señalar que la producción pictórica de Vermeer es realmente escasa, a penas contamos con una treintena de lienzos atribuidos al artista y es que, según las fuentes documentales halladas al respecto, Vermeer pintaba únicamente por encargo. La gran mayoría de sus lienzos se desarrollan en espacios interiores y más concretamente en la habitación que aquí observamos; una estancia que sirvió para ambientar otros lienzos como El Geógrafo o La Lechera.

Se repiten el mismo esquema con la ventana emplomada y con vidrios de colores situada a la izquierda, en esta ocasión ligeramente abierta. Parece que la joven ha encontrado algo interesante en el exterior, de modo que se asoma ligeramente para centrar su atención. El artista también ha repetido otros elementos de la estancia como por ejemplo el gran planisferio que cuelga de la pared o la mesa, que en esta ocasión se usa para apoyar el aguamanil, pero en otros lienzos hace de mesa de trabajo, por ejemplo, en el Geógrafo.

En los vidrios plomados del ventanal se aprecia una representación de la templanza por lo que se ha barajado que el cuadro estuviese relacionado con las virtudes, no en vano, otros artistas como el mismísimo Maestro de Flemalle ya habían utilizado la jarra como símbolo de la virtud. Sin embargo, Vermeer también incorpora otros elementos más mundanos como por ejemplo el joyero o los lazos de seda azul; la dama se encuentra entre una dicotomía, elegir el camino virtuoso o tal vez, dejarse llevar por aquello tanto le llama la atención fuera de su ventanal.

Por último destacar que tanto la luz como el colorido son los propios de los lienzos de Vermeer; una luz etérea que se cuela en la habitación por el ventanal pero que produce luces y sombras y un colorido brillante y virtuoso que potencia colores como el amarillo.

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