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Retrato de la condesa de Montelo de Madrazo

Publicado por A. Cerra

El autor de este óleo pintado sobre lienzo fue Federico de Madrazo y Kuntz, hijo del también pintor neoclásico español José de Madrazo. Si bien su hijo fue más bien de un estilo cercano al Romanticismo, más vigente durante los años en los que desarrolló su dilatada y exitosa carrera, ya que nació en 1815 y murió en 1984. Y dentro de toda su enorme producción pictórica este retrato hecho en el año 1855 es una de sus obras más prototípicas.

Marquesa de Montelo, de Federico de Madrazo

Marquesa de Montelo, de Federico de Madrazo

De hecho, su gran especialidad fueron los retratos. Se estima que llegó a realizar unos seis centenares de retratos, a lo largo de sus muchos años de carrera como pintor. Si bien su máximo prestigio lo alcanzó cuando llegó a ser el retratista oficial de la reina Isabel II, y además alcanzó el cargo de director del museo del Prado, institución madrileña donde se conserva esta obra. Es obvio, que además de por su calidad artística en el éxito de su carrera también tuvo una gran influencia el peso de la familia, por lo que los triunfos artísticos y los encargos le llegaron desde una edad bastante temprana.

A eso hay que sumar su importante formación, ya que además de estudiar con su padre, pronto viajó a París donde trabajó con Ingres, de quién sabría sacar provecho a su indudable habilidad para el dibujo, porque si algo caracteriza a su pintura es la evidente supremacía de la línea y el dibujo sobre el color, un color casi siempre aplicado en tenues gamas cromáticas.

En realidad, su estilo aún siendo de carácter romántico por ese gusto por la languidez, también tiene mucho de académico y de aires neoclásicos, lo que por otra parte era el estilo más aceptado en la conservadora corte española. De este modo, a Federico de Madrazo en muchas ocasiones se le ha considerado un artista de transición entre el Neoclasicismo y el Romanticismo español.

Una buena muestra es este retrato, en el que el pintor actúa de un modo muy objetivo, no se implica con el personaje y por lo tanto tiene un tono un tanto frío. Y esa atmósfera la imprimía no sólo a los retratos que hacía a la aristocracia, la reina o la alta burguesía, sino que también se puede ver en otras obras en las que inmortalizó a sus amigos liberales y a artistas de corte romántico, como por ejemplo el que le hizo al escritor y periodista Mariano José de Larra.

Y aún así, los retratos femeninos de Federico de Madrazo poseen un encanto muy personal, y de alguna forma él contribuyó a crear el estereotipo de la seductora dama española, al mismo tiempo reservada y coqueta, muy femenina, con una mirada dulce pero también distante, transmitiendo amabilidad y una inteligencia sutil, con un porte en el que se mezcla la altivez, el pudor, la naturalidad y la insinuación. Y físicamente casi siempre de piel y cabellos oscuros, muy lozana y esbelta. Todas estas características vienen representadas en este retrato o en otros que hizo, como los de la condesa de Vilches o el retrato a Cecilia Bohl de Faber.

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