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Mausoleo de Timur

Publicado por A. Cerra

Éste es el monumento más emblemático de la mítica ciudad de Samarkanda, situada en la república centroasiática de Uzbekistán.

Con este impresionante edificio se rinde homenaje al conquistador Tamerlán, conocido por diversos nombres, entre ellos Timur. Este personaje histórico nació en el año 1336 y murió en 1405, como no podía ser de otro modo, durante una expedición camino de tierra chinas, por donde pensaba expandir su imperio, ya de por si muy amplio. Timur fue posiblemente el último gran conquistador de carácter nómada del imperio turco-mongol.

Mausoleo de Timur

Mausoleo de Timur

En su memoria se construyó a comienzos del siglo XV este fastuoso mausoleo, que en origen sería de un tamaño bastante mayor, ya que ahí también irían incorporadas otras salas en torno al patio cuadrado, incluida una madrasa o escuela coránica. Dicho patio viene marcado por la presencia de cuatro alminares situados en las esquinas.

De todo el conjunto arquitectónico llama la atención la gran cúpula oval, bulbosa, gallonada y totalmente revestida de azulejos, unos azulejos donde las formas artísticas son considerablemente de tipo naturalista ya que se pueden identificar diversas especies de flora.

La gran cúpula cubre un espacio cuadrado donde se encuentra el cenotafio del conquistador, si bien las tumbas reales se encuentran en una cripta, unas tumbas cubiertas con sencillas losas de mármol y jade en las que aparecen inscripciones conmemorativas. De este modo se puede identificar a los personajes que están aquí enterrados, ya que no solo están los restos de Tamerlán, también están dos de sus hijos, un nieto, un sultán y el propio maestro de Tamerlán.

No obstante, la imagen que se tiene de este mausoleo desde la lejanía es la de su cúpula de color azul celeste, que para darnos una idea de su clara forma bulbosa basta saber que tiene quince metros de diámetro por más de doce metros de altura.

Mientras que cuando nos acercamos al recinto funerario nos sorprende la belleza y calidad artística de su pórtico, con una rica decoración a base de ladrillos y mosaicos. Incluso se sabe quién fue el artífice de esta joya de la filigrana Muhammad bin Mahmud Isfahani.

Y esta decoración continua en el interior del mausoleo con diversos materiales como onices, escayolas, jades, dorados y pinturas.

Por otro lado, la tumba del conquistador, además de rodearse de semejante belleza, también está envuelta de misterio y embrujo. De hecho, en la lápida de su tumba una inscripción advierte que quién intente perturbar la tranquilidad del muerto, será castigado sufriendo la miseria. Una especie de maldición que parece ser que a lo largo de la historia se ha podido comprobar, porque tanto expoliadores como arqueólogos que en su momento abrieron la tumba acabaron sufriendo las consecuencias y la desgracia.

En definitiva, se podría decir que este es uno de los más preciosos y singulares monumentos del mundo, que desde su construcción ha servido de inspiración a otras obras, sobre todo al afamado mausoleo del Taj Mahal en Agra, en la India, otra bellísima tumba que mandó construir uno de los descendientes lejanos del gran Tamerlán.

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