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Torre del Banco de China en Hong Kong

Publicado por A. Cerra

Hong Kong en la actualidad posee uno de los mejores repertorios de arquitectura contemporánea del mundo. Un desarrollo que sin duda ha tenido lugar debido a la prosperidad económica del lugar, una de las mecas financieras de Asia. Y de hecho, muchos de los ejemplos más esplendorosos de la arquitectura son la sede de poderosas entidades financieras. El primero de ellos fue el que diseñó Norman Foster para el Shanghai Bank.

Torre del banco de China en Hong Kong

Muy pocos años después, en 1989, se construyó la Torre del Banco de China, para la cual también se contó con la participación de uno de los arquitectos más venerados de los últimos tiempos. Fue el chino nacionalizado estadounidense Ieoh Ming Pei, famoso por varios de sus carísimos encargos, pero sobre todo por su polémica, funcional y ahora admirada Pirámide del Louvre en París.

Cuando se acabó esta torre se convirtió con sus 367 metros de altura, en el edificio más alto de Asia y de fuera de Estados Unidos. Aunque pronto, en 1992, fue destronado de ese galardón. Y es que una de las constantes en la arquitectura de rascacielos de todo el mundo, es ese espíritu competitivo que hace que siempre se quieran superar los records precedentes. Y un buen ejemplo lo encontramos aquí, ya que mientras la terraza se eleva a los 315 metros, el dato final de 367 se debe a la presencia imponente de dos gigantes mástiles.

No obstante, la Torre del Banco de China de I. M. Pei no solo hay que nombrarla por su altura, sobre todo hay que reconocerla por sus formas. Es un edificio que a su vez está formado por cuatro torres triangulares, cada una de ellas con una altura diferente. De esta manera se juega con los volúmenes, que aunque geométricos tienen algo de orgánico. De hecho, siempre se ha dicho que el arquitecto se inspiró en el modo de desarrollarse los bambús.

La estructura básica del edificio son cinco columnas de hormigón reforzado con sus respectivos tirantes diagonales. Pero lo más llamativo es su piel de vidrio y aluminio. Un recubrimiento que supone distintas ventajas tanto para el interior como para la vista exterior. Se trata de un cristal reflexivo plateado, que proporciona un importante ahorro energético para las dependencias internas. Y a su vez, esos vidrios se convierten en un gigantesco espejo del cielo, de la ciudad y del puerto, lo que le da una presencia imponente en el skyline de Hong Kong.

Ya hemos nombrado el parecido con el bambú, especie vegetal paradigmática de la cultura china, y que aquí se puede interpretar como muestra de vitalidad y desarrollo. Pero además de eso, el arquitecto también se inspiró en los conceptos del Feng Shui (de hecho es una obligación para cualquier edificio que se levanta en Hong Kong. Por ejemplo, las aristas de los triángulos de cada torre apuntan a los edificios de otros bancos, lo cual es algo así como un ataque. Y hay ocultos otros muchos símbolos, sin ir más lejos esa misma forma triangular de la torres que viene a significar la representación de dinero, unión y perfección.

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