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La Pirámide del Louvre

Publicado por A. Cerra

Sin duda alguna, una de las construcciones más controvertidas de las últimas décadas es la Pirámide del Louvre, que el prestigioso arquitecto estadounidense de origen chino Ieoh Ming Pei proyectó para convertirse en el acceso a uno de los museos más famosos del todo el planeta.

La obra se encargó en el año 1981 bajo la supervisión directa del propio Presidente de la República Francesa, por aquel entonces, François Mitterrand, lo cual ya da una idea de la tremenda importancia que se le iba a conceder a esta obra. Y desde ese momento inicial, hasta su apertura definitiva, pasaron varios años, ya que no se abrió de forma oficial hasta el año 1989.

Pirámide de Ieoh Ming Pei

Pirámide de Ieoh Ming Pei

De hecho, la entrada al Museo del Louvre estaba completamente colapsada por miles y miles de turistas todos los días del año, y de alguna forma había que resolver ese problema en uno de los grandes emblemas culturales y turísticos del país galo.

Así que tras ver las propuestas de varios arquitectos de primer nivel internacional, finalmente la elegida fue la de Ming Pei, que sin duda alguna era tremendamente novedosa, rompedora y arriesgada.

Se trataba de crear una gran pirámide de acero y vidrio, y otras menores en los mismos materiales, en el corazón del gran patio del Palacio barroco del Louvre. De esta manera esa pirámide iba a ser el punto de acceso al museo y desde ahí se iban a distribuir todos sus visitantes.

En apariencia todo parece sencillo. Una pirámide, de formas ya conocidas desde los tiempos del Antiguo Egipto y que sin duda emparenta el Louvre con una de las Siete Maravillas de la Antigüedad, las Pirámides de Gizeh. Pero aquí de menor tamaño y más sencilla construcción, ya que se trata de una ensamblaje de metal y cristal con una base de 35 metros de lado y una altura de 20 metros, eso sí con los 51 grados de inclinación idénticos a las pirámides egipcios.

Pese a esa aparente sencillez, es todo lo contrario, porque eso no es más que la estructura que queda a la vista. La verdadera maravilla de esta obra arquitectónica es lo que se hizo a nivel subterráneo, ya que ahí se generó una pirámide invertida que sirve para articular el paso de millones de personas a lo largo del año.

Su aspecto rompedor supuso un gran debate en Francia, y a nivel internacional, por la conveniencia o no de incorporar la arquitectura contemporánea en un conjunto histórico. Todavía hoy sigue habiendo detractores. Pero lo cierto es que la Pirámide del Louvre desde un punto de vista funcional es uno de los grandes aciertos de las últimas décadas. Su eficiencia está más que contrastada. Y en cuanto a su estética, de alguna forma es uno de los máximos exponentes de como poco a poco se le ha ido perdiendo el miedo a la arquitectura contemporánea, y desde luego hoy nadie concibe el Louvre sin su impactante y moderna presencia.

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