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El beso, Rodin

Publicado por Laura Prieto Fernández

El beso es una obra escultórica realizada en bulto redondo por el artista impresionista August Rodin (1840 – 1917). Rodin ha sido uno de los escultores más importante a lo largo de la historia, su obra marca la frontera decisiva entre la escultura tradicional y las nuevas corrientes vanguardistas desarrolladas en los siglos XIX y XX. Su obra se caracteriza por el hecho de recurrir a temas figurativos tratados con gran innovación, el non finito y la importancia concedida a los volúmenes son elementos indispensables en toda su producción.

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En un principio la obra de El Beso se encontraba incluida dentro de las esculturas que formarían parte de Las Puertas del Paraíso. Representaba dos personajes de la Divina Comedia de Dante Alighieri, Francesca y Paolo; Francesca de Rímini –nombre con el que al principio se conocía esta obra- se enamoró perdidamente del hermano de su esposo, su cuñado Paolo, quién a su vez también estaba casado. Rodin representa el preciso momento en el que Francesca y Paolo se besan apasionadamente mientras leían la historia de Ginebra y Lanzarote que él sostiene en la mano; es justo en ese momento cuando los amantes son descubiertos por el esposo de ella quien los manda ejecutar y juntos, cumplen su pena en el infierno. El tema estaba relacionado con todo el programa iconográfico que cubría las famosísimas puertas no obstante, el éxito que tuvieron las primeras pruebas que hizo el artista tuvieron tanto éxito, que decidió realizar la escultura de manera independiente.

El gobierno francés encargó en 1888 a Rodin una versión en mármol de El Beso de gran tamaño y diez años después, en 1898, la obra fue expuesta en El Salón de París. Su exposición produjo tantísima expectación que la compañía Barbedienne le ofreció al artista la idea de producir pequeñas réplicas en bronce de la obra.
En 1900 el coleccionista estadounidense Perry Warren encargó a Rodin una copia de la escultura, ésta no satisfacía del todo las expectativas de su dueño por lo que tuvo peor suerte y durante mucho tiempo fue relegada a los estables de Warren; durante la década de los cincuenta la Tate Modern de Londres adquirió la obra para su colección.
Existe una tercera versión realizada por el artista y encargada por el coleccionista Carl Jacobsen que hoy se conserva en la institución danesa que el propio Jacobsen fundó.

El beso tiene fuerza y dulzura por igual, la multiplicidad de sus puntos de vista hace que el espectador pueda rodear la obra y encontrar en ella multitud de detalles. Los cuerpos desnudos y entrelazados de los dos amantes, se funden como si solo fueran uno y la pasión del beso hace al espectador partícipe de ese íntimo momento. Son cuerpos naturalistas pero ligeramente idealizados; él está representado con un espíritu protector mientras que Francesca es la versión más apasionada de la pareja.

El contraste entre los cuerpos de los amantes escrupulosamente tallados contrasta con el soporte que, apenas sin devastar, tiene un aspecto de non finito. Los juegos que las luces y sombras provocan en las distintas superficies ofrecen, si cabe, aún más plasticidad a la obra.

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