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El Rapto de las Sabinas de Giambologna

Publicado por A. Cerra

Se trata de un grupo escultórico de mármol datado entre los años 1579 y 1583, y realizado por el escultor Giovanni de Bologna, también conocido como Giambologna.

La obra es un ejemplo prototípico del estilo manierista, esa corriente artística que desde mediados del siglo XVI sirvió de puente entre las formas más clásicas del Renacimiento y el emergente dinamismo del Barroco. De hecho, el Rapto de las Sabinas de Giovanni da Bologna junto al Perseo de Cellini son las obras escultóricas más emblemáticas del Manierismo, y curiosamente ambas las podemos observar en el mismo emplazamientos: la Loggia dei Lanzi en la ciudad de Florencia.

El Rapto de las Sabinas de Giovanni da Bologna

El Rapto de las Sabinas en concreto se basa en la típica composición manierista, denominada con la palabra italiana serpentinata, ya que los cuerpos de las figuras parecen seguir una composición curva ondulante, igual que el movimiento que hacen las serpientes. Este tipo de planteamiento hace que la escultura posea diferentes puntos de vista para el espectador, y si bien es el punto de vista frontal y los dos perfiles las formas ideales para mirar la figura, en realidad es interesante observarla desde cualquiera de los 360 grados de su entorno.

Pero todavía hay otro detalle más que vincula esta obra con el Manierismo y anticipa lo que va a ser la escultura barroca. Basta ver que no se trata de una composición cerrada, y parece que las esculturas van a huir y nos indican un punto de fuga para la escena, gracias al brazo izquierdo en alto de la muchacha raptada, que nos indica un movimiento ascendente.

Para conseguir el movimiento en remolino de las figuras, el autor hace que un material tan duro como el mármol parezca sumamente dúctil y flexible, de manera que los cuerpos de los protagonistas se torsionan sobre sus propios ejes, a veces con movimientos contradictorios, y haciendo que se imbriquen los troncos y los miembros de unos personajes con otros. De esta manera, el ojo del espectador va siguiendo este movimiento continuo, como si fuera una espiral, hasta que por fin sin darnos cuenta hemos dado la vuelta (una al menos) a toda la escultura.

Esta obra le sirvió a Giovanni da Bologna para alcanzar un enorme prestigio como escultor. Como su propio nombre indica era originario de Bolonia, donde nació en el año 1529. Pero dadas sus buenas cualidades artísticas desde temprana edad, sus maestros le indicaron que debería viajar a otros centros culturales más importantes. Por eso, siendo un veinteañero emigró a Roma, y aquella estancia que duró dos años, sobre todo le sirvió para estudiar con detenimiento del mayor genio de la época: Miguel Ángel, sin duda alguna el artista más influyente para la generación posterior de artistas que llevaron a cabo obras manieristas, un término que tiene su origen en que decían que trabajaban “alla maniera de Michelangelo”.

Finalmente, Giambologna se desplazó a Florencia en el año 1559, ciudad en la que residiría hasta su muerte en 1609, y donde desarrolló su productiva labor artística, aunque desde ahí también realizó obras para su ciudad natal, como la famosa Fuente de Neptuno de 1566.

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