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Sarcófago báquico

Publicado por A. Cerra

Gracias a la literatura clásica, y especialmente por autores como Plauto o Tito Livio nos podemos hacer una idea de cómo se festejaban la bacanales, la fiestas en honor al dios Baco, a las que debemos hoy en día esa palabra (bacanal) para hacer referencia a juerga, fiesta desmadrada e incluso orgía. Pero no solo conocemos estos ritos báquicos gracias a los textos escritos. Hay distintas pinturas, murales o cerámicas, esculturas o grupos de relieves como el que vemos en este sarcófago que nos describen tales rituales.

Sarcófago Báquico

Eran fiestas dominadas por el consumo de vino, no hay que olvidar que Baco era la deidad de esa bebida. Pero también tenían una enorme carga sexual. Eran unos festejos desenfrenados y perfectamente aceptados por la sociedad romana. De hecho hay descripciones de cómo participaban hombres importantes, magistrados y sacerdotes o como las mujeres casadas se disfrazaban, bailaban y acababan poseídas por el espíritu báquico.

Lo cierto es que no eran las únicas fiestas de elevado contenido sexual. También eran habituales las Lupercales, en honor del dios Fauno Luperco, dios de la fertilidad y también de la sexualidad masculina más salvaje. Y de igual modo se celebraban las Floralias o fiesta de las prostitutas, las cuales desfilaban desnudas y por supuesto provocaban a todos los asistentes a desmelenarse.

La visión del sexo en la Antigua Roma era bien distinta a la que tenemos en nuestros días. Para empezar no había conceptos como heterosexual u homosexual. Hombres y mujeres podían disfrutar del sexo indistintamente con unos o con otras. Todo era posible, si bien lo importante era la actitud durante el acto sexual según el status social de cada cual. El sexo se veían como un acto entre dominado y dominante. Es decir, un hombre rico que se acostara con un esclavo, un sirviente o un muchacho más joven jamás podría ser el dominado. Eso sí que era mal visto y criticado. E incluso podía acabar con su reputación. Al igual que la mujer podía practicar infinidad de juegos sexuales con un hombre de menor escala social, pero nunca debía ser poseída por él. Solo satisfacerse. Mientras que el sexo en el matrimonio, sobre todo en las clases altas, al ser matrimonio pactados por intereses políticos o económicos, carecía de un carácter placentero, y se practicaba sobre todo para procrear. Mientras que las fantasías sexuales, por regla general, tenían un ámbito extramatrimonial.

Eran habituales los lupanares o prostíbulos para las clases más bajas. Pero para las clases altas el mundo de la prostitución era algo mucho más refinado. Se trataba de hombres y mujeres que no solo eran personas hermosas y experimentadas en el sexo. También eran cultivadas y su labor era la de un acompañante que lo mismo recitaba que satisfacía los apetitos sexuales de sus clientes.

Y de todo ello da cumplida muestra el arte romano, donde la sexualidad fue un tema recurrente, a veces tratada de una forma más sensual y erótica, pero tampoco tenían problema para representarla de un modo pornográfico, como se ve en numerosa pinturas aparecidas en ciudades como Pompeya y Herculano.

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