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«Teseo y el Minotauro» de Canova

Publicado por Soledad Jiménez

“Teseo y el Minotauro”, 1781-1783; Mármol, 145´4cm x 158´7cm x 91´4cm; Victoria & Albert Museum, Londres.

Tras instalarse definitivamente en Roma, conocer profundamente las obras de la antigüedad romana y haber asimilado los principios del estilo neoclásico fundamentalmente por el contacto con otros artistas y críticos del momento, Canova muestra sus conocimientos en este grupo escultórico, primera obra en la que admite su adscripción al neoclasicismo.

Teseo y el Minotauro, Antonio Canova (1781-1783)

Canova realiza esta composición para cubrir un encargo realizado en 1781 por el que fuera embajador de Venecia en Roma, Girolamo Zulian. Parece que este encargo era, más bien, una protección económica desinteresada hacia el artista, ya que una vez concluida la pieza el embajador no quiso quedársela y se la cedió al propio escultor, quien acabó vendiéndola por una elevada suma.

Fue el propio artista quien eligió libremente el tema de Teseo y el Minotauro. En un principio el escultor pensó representar a los personajes en el momento de la lucha debido a que en su interior la tradición barroca seguía latente; finalmente Canova, influenciado por sus amigos y mentores, optó por representar un momento más tranquilo, más acorde con la nueva percepción artística y alejado del enfoque tradicional del dramatismo de la lucha con el monstruo que se habría hecho durante el estilo anterior y del que se pretendía huir.

Según la mitología Teseo, hijo del rey ateniense, se presentó voluntario para ser entregado al Minotauro, pues creía que sería capaz de derrotar al monstruo, y verdaderamente consiguió dar muerte a la bestia, salir triunfante del laberinto y regresar a Atenas.

Canova en esta obra nos presenta al joven Teseo tras el momento inmediato de la muerte del Minotauro, sumido en el apaciguamiento que triunfa tras la furia de la batalla, más de acuerdo con la nobleza encarnada en el héroe antiguo, ajeno a la violencia de la lucha de la misma forma que siglos antes Donatello realizara su David, mostrándonos a un héroe tranquilo, casi melancólico. El hecho se puede interpretar como el triunfo de las virtudes humanas frente a las fuerzas de la naturaleza.

Las figuras se nos presentan conectadas formando un bloque unitario, aunque la de Teseo presenta un contraposto que le permite mostrarse con autonomía respecto a la mole abatida y yacente de la bestia, sobre la que está sentado, y abstraído interiormente en su triunfo. No debemos dejar pasar por alto la forma en que se representa al joven héroe, con una anatomía robusta, idealizada, en la que el artista hace una exaltación de la belleza física del cuerpo humano, siguiendo las ideas de Winckelmann.

Finalmente hacer mención a la textura que el artista consigue aportar a sus esculturas, conseguida mediante un proceso a base de piedra pómez realizado tras finalizar la obra y mediante el cual aporta una pátina al mármol que contribuye a que éste pierda la frialdad propia de este material.

Categorías: Escultura, Neoclásica

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