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El Arte Mesopotámico (II)

Publicado por Chus

Con respecto a la arquitectura cabe decir que el material que abunda en la zona es el barro, constituyendo la madera y la piedra rarezas debido a su escasez, por lo que la mayor parte de sus edificios se hicieron con este material. El barro primero se mezclaba con paja y se apisonaba en terrones que, o se dejaban secar al sol o se cocían para dotarlos de una mayor consistencia, siendo al principio irregulares y consiguiendo después la estructura de paralelepípedo, o sea ladrillos que, se unían entre sí con barro o betún. Lógicamente la fragilidad de este material llevó a proponer soluciones arquitectónicas nuevas, como por ejemplo, el levantar los edificios sobre grandes macizos de asiento o terraplenes artificiales, hechos por tierra amontonada cubierta de ladrillo, cumplen también la función de conducir el agua hasta las alcantarillas. Buscando la solidez, siempre predomina la masa sobre el vacío (pocos vanos y puertas, por tanto) y la horizontalidad sobre la verticalidad, incluso en los zigurats. Los muros solían ser muy gruesos y se estrechaban en talud desde el suelo a la cima. La mesopotámica es una civilización de ciudades, entendiendo por éstas no solamente una agrupación de pequeñas casas, sino el auténtico centro del poder. Las ciudades de la zona no se identifican tanto por los barrios congestionados, las calles en las que se acumulan los escombros, sino por las ciudadelas, los recintos sagrados y por las residencias de los príncipes.

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Debido a su curiosa concepción religiosa que no contemplaba la vida de ultratumba pero en cambio imponía auténtica adoración por los dioses, el arte representativo no tenía pretensiones de inmortalidad, por lo que carece de carácter funerario, sino que va a servir a la plegaria, ya que los dioses debían de recibir los honores, las súplicas y las oraciones de los hombres para obtener una larga y próspera vida. Las esculturas de esta cultura pueden aparecer de forma exenta o como bajorrelieves. En las pequeñas esculturas exentas la imagen predominante es la del hombre suplicando ante la divinidad. Desde los sumerios hasta los asirios, las estatuas (barro o piedra) eran una especie de “embajadores” de los hombres, en cuyo nombre hablaban y suplicaban a los dioses, por ello tenían un marcado carácter simbólico. Boca, manos y otras partes del cuerpo carecían de expresión, ya que ésta se centraba en los ojos, símbolos de la percepción intelectual. Cuanta mayor era la exigencia del personaje, más grandes son los ojos de la estatuilla votiva. Con esta concepción, el cuerpo, la anatomía humana carecían de importancia. Las figuras, tanto de bulto como en relieve se modelaban a partir de figuras geométricas de formas simples, como el cilindro o el cono, de una manera perdurable hasta al menos el segundo milenio a. C. La misma proporción y forma tenían los dioses que se representaban, la diferencia con respecto a los hombres estaba en el tamaño, que duplicaba el de éstos. La jerarquía de tamaño afectaba también al rango de los hombres, así los sacerdotes o los reyes también eran más grandes que los simples donantes.
Además de representaciones humanas, en el arte mesopotámico aparecen figuras de animales que simbolizan divinidades, seres infernales o genios protectores, lo mismo que animales domésticos o fieras, como por ejemplo carneros, bisontes, leones, toros y el híbrido hombre-toro (protector de los animales y hombres).

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