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El Arte de Mesopotamia (I)

Publicado por Chus


Por Mesopotamia entendemos la zona comprendida entre los ríos Tigres y Éufrates que desaguan en el Golfo Pérsico, lugar que, al igual que le ocurría a Egipto con el Nilo se veía inundado cíclicamente por las aguas fluviales, con lo que la fértil vega resultante resultaba idónea para el asentamiento de los seres humanos.

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Mesopotamia entra en la historia en el paso del IV al III milenio antes de Cristo, como así confirman las primera tablillas de escritura que se han encontrado, que recogen tanto transacciones comerciales, inventarios de objetos y animales, mitos, himnos, como instrucciones pedagógicas e historia. El “país entre dos ríos” pasó por diferentes fases en su evolución histórica marcadas por el dominio de uno u otro pueblo asentado en la región que se hizo con el control político-militar del territorio. A diferencia de Egipto, no contaba con un desierto que actuase de protección frente a posibles invasores, por lo que a lo largo del tiempo éstas se sucedieron y así entendemos que distintos pueblos se hiciesen con el control de la zona. De todas maneras, cualquiera que fuese el imperio dominante, la realidad económica, social, política y religiosa fue similar y por ello podemos hablar de arte mesopotámico y englobar en él las diferentes manifestaciones aparecidas desde el cuarto milenio a. C. hasta su desaparición a manos del Imperio Persa en el año 538 a. C. en que fue ocupada Babilonia.

En esta civilización compuesta por la suma de distintos pueblos, el hombre como individuo apenas si existe socialmente, es la masa, o mejor dicho, la clase, el grupo al que pertenece el que lo define, pero pese a ello, no creen en una vida después de la muerte, ya que tras ella, está el absoluto vacío o la desesperación, ni siquiera para el poderoso (sea rey o sacerdote) existe esa posibilidad de felicidad futura. Así nos encontraremos con que en las manifestaciones del arte de la zona, no tiene especial relevancia la arquitectura funeraria, como sí sucedía en Egipto donde se creía justamente en todo lo contrario. El arte en esta cultura lo que sí hace es glorificar el poder, separándolo de la tierra y elevándolo hasta los cielos, ya que el rey será el “ungido” de los dioses y el arte se va a constituir en el medio más adecuado para suplicar su protección. Pero el artista no adquiere con ello ningún tipo de categoría social, sino todo lo contrario, ya que cobra menos incluso que un bracero del campo.

La vida estaba dominada por la voluntad de los dioses que, en un principio no eran más que la personificación de las fuerzas naturales, y poco a poco se convirtieron en objeto de culto en sí mismas. El panteón estaba constituido por una serie de divinidades tales como dioses del cielo, del agua, de la tierra o del aire, en su mayoría protectores de la naturaleza, que se encontraban enfrentados con los dioses infernales que habitaban en las profundidades de la tierra. Apenas si sufrieron variaciones en la larga historia de la zona, ya que en el fondo su pretensión era responder a los interrogantes que los hombres se planteaban sobre la naturaleza, el sentido del mundo y del propio hombre.

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