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El arte de Mesopotamia (VI)

Publicado por Chus

La escultura es uno de los capítulos artísticos más destacados del arte asirio. En los relieves, nos encontraremos con la más contundente manifestación del poder de los reyes, que son los absolutos protagonistas de los mismos. Escenas de guerra, batallas desfiles de prisioneros deportaciones de poblaciones enteras, etc., decoran las inmensas paredes de los palacios asirios. Con ellos desapareció la comunicación entre los hombres y los dioses y en el terreno del arte, aparece con contundencia la figura del rey que busca afianzarse dejando constancia de todas sus hazañas, pretendiendo hacer del artista una especie de cronista, el relator de sus gestas que deben perdurar en la memoria de su pueblo. En los bajorrelieves asirios, el rey aparece combatiendo siempre en primera fila, montado en su carro en una postura es rígida, con el cabello y la barba cuidados, seguido por el ejército. En medio de estas representaciones muchas veces se destacan detalles anecdóticos, alguna madre ocupándose de su hijo, un muchacho saludando a los soldados, etc. Pero el naturalismo del relieve asirio alcanza sus máximas cotas de poder con la representación de las escenas de caza, que para ese pueblo son algo más que la mera demostración de un pasatiempo real, ya que la caza es un juego de habilidad, una especie de ritual que enaltece aún más al monarca, al que se permite como privilegio exclusivo enfrentarse al león, que para los asirios es el símbolo de la fuerza absoluta y total. Las partes bajas de de las diferentes dependencias palaciegas se cubrían con placas esculpidas que colmaban el afán de grandeza de los reyes asirios.

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Entre los relieves destacamos en primer lugar los realizados en la época de Senaquerib en Nínive, cuyos alabastros no solo narran las victorias del soberano, sino que muestran los esfuerzos por convertir a la ciudad en la primera del país. Grandes composiciones muestran a un ejército de esclavos que transporta los monumentales toros que protegen las puertas del palacio de Nínive, aparecen con el cuerpo inclinado hacia delante, con las rodillas dobladas, acusando el enorme peso del lamasu que arrastran. Pese a la planitud del relieve y a sus convencionalismos (los detalles anatómicos se marcan mediante incisiones, careciendo de modelado las figuras, las barbas y cabellos están geometrizados, etc.), hay un afán naturalista que puede observarse en que no se repite la total isocefalia, ya que pese a que domina el mismo tipo humano, de vez en cuando alguno de los esclavos voltea su cabeza y su cuerpo para mirar hacia atrás, enriqueciendo las posturas de los mismos.

Pero sin duda alguna el punto culminante lo suponen los relieves de Assurbanipal, en los que se mantiene la disposición en registros aunque su altura deja de estar prefijada, dejándola a la libre disposición del artista, según la narración que muestre en ella. De todas ellas, las más interesantes son las de las cacerías. Los animales, sean leones, antílopes o asnos salvajes, eran recogidos por los servidores del palacio y soltados luego en espacios acordonados para que el rey pudiese cumplir con el rito de la caza. En los relieves del palacio aparece el soberano de cacería tanto a pie como montado en su carro y nos muestran un abanico considerable de animales en variadas actitudes, acosados, huyendo, heridos o muertos, pareciendo que el centro de interés de las representaciones, en vez de ser el rey es el león. Aquí las referencias espaciales no existen, el vacío del fondo ayuda a resaltar la presencia de los cuerpos animales recorridos por una gran fuerza dramática que constituye lo más destacado de su plástica.

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