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El arte de Mesopotamia (VII)

Publicado por Chus

El relieve asirio es el único género auténticamente profano, desprovisto de cualquier notación religiosa que nos encontramos en la historia del arte, antes de la irrupción de los griegos en la historia. De todas formas a nivel plástico no podemos apreciarlas en lo que fueron, ya que se han perdido los colores de los que estaban revestidos.

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No fueron solo los bajorrelieves el campo escultórico practicado por este pueblo belicoso, violento, a veces cruel que fueron los asirios. Se conservan retratos de dos de sus reyes, Assurnasirpal II (s. IX a. C.) y Salmanasar III (s. IX a. C.). En el de Assurnasirpal, (Museo Británico) realizado en alabastro, el rey se presenta de pie, con el brazo derecho pegado a su costado con el puño cerrado y el brazo izquierdo doblado sobre su torso sujetando en sus manos los símbolos del poder, el cetro y el flagelo. Se trata de una estatua-bloque, maciza, con rigidez, frontalidad, en la que el cuerpo está encerrado en un cilindro, con un modelado tosco, pobre, con geometrización de cabello y barba, que busca trasmitir sensación de atemporalidad para reafirmar su autoridad y poder. Pero también se conservan ejemplos importantes de los guardianes que protegían templos y palacios, intentando alejar a los genios malignos, los animales-guardianes, los “lamasu”, como por ejemplo los del Palacio de Jorsabad. Normalmente se esculpían en piedra como el alabastro y flanqueaban por parejas las puertas de los recintos. Eran híbridos, como toros androcéfalos alados, leones alados con cabeza humana e incluso leones-centauro, con una altura superior a la humana (doble) y su anatomía se insinuaba con pelajes, plumas, cabello, etc. No resulta fácil clasificar estas esculturas como exentas, sino más bien podría decirse que eran una especie de relieves de bulto redondo o mejor aún cabría decir que se trata de esculturas arquitectónicas, al carecer de la visión frontal propia del relieve y de una posibilidad de contemplación múltiple de la exenta. Cuando eran vistos de frente, producían una impresión estática y al contemplarse de lado se acentuaba la visión oblicua y se veía al animal en actitud de avanzar, ya que estos seres fantásticos asirios constan de cinco patas.

A finales del s. VII a. C. en la zona aparece el Imperio Neobabilónico, afianzado por el gran rey Nabucodonosor (el responsable de levantar en Babilonia la “torre de Babel”, y el resto de edificios y jardines que hicieron de ella una de las maravillas del mundo antiguo). En el año 539, el rey de los persas y los medas, Ciro II el Grande conquistó toda Babilonia y la convirtió en una provincia del Imperio Aqueménida, hasta que en el siglo IV fue conquistada por Alejandro Magno. Con sus descendientes, los Seléucidas fue decayendo sometida a imperios exteriores, como los partos o los sasánidas, los romanos, bizantinos, hasta ser conquistados por los árabes en el siglo VII d. C.).

Hasta aquí hemos repasado ejemplos del arte más conocido de la civilización de los dos ríos, pero no solo contamos con ejemplos de arquitectura y escultura de la zona mesopotámica, ya que también se conservan restos de pinturas, de glíptica, de trabajo sobre metal y sobre concha y marfil que nos ayudan a entender un poco mejor a estos hombres que nos antecedieron, marcaron el paso a la historia y luego van a influir en la cuna de nuestra civilización occidental que fue el mundo griego.

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