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Díptico de 42 vistas monumentales, Villaamil

Publicado por Laura Prieto Fernández

En algunas ocasiones la historia del arte reciente nos ofrece grandes descubrimientos de obras que o bien dábamos por perdidas, o que ni siquiera sabíamos de su existencia; es cierto que aunque a priori estos grandes descubrimientos no resultan muy comunes en algunas ocasiones los expertos en arte son capaces de encontrar auténticas maravillas. En el año 2014 el Museo del Prado de Madrid adquirió una de las obras más características del pintor Genaro Pérez Villaamil, una obra de la que los expertos no tenían constancia y que supone un hallazgo sin igual para comprender la trayectoria de uno de los mejores representantes de la estética romanticista en España.

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Genaro Pérez Villaamil (1807-1854) nació en la ciudad gallega de Ferrol y asistió a la Escuela Militar de Santiago de Compostela. Se trasladó a Madrid donde continuó con su vocación artística y posteriormente se incorporó al ejército en su lucha contra las tropas francesas. Con la restauración de Fernando VII en el trono español, Villaamil siguió su camino en las bellas artes. Villaamil consiguió numerosos logros en su vida artística trabajando como pintor de cámara de la reina Isabel II o incluso una cátedra en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando institución que llegó a dirigir.

La producción artística del pintor es célebre por sus paisajes, no en vano una de sus piezas más destacadas es la colección de litografías que el artista realizó entre 1842 y 1850 conocida como España artística y monumental. Algunos de los dibujos que aparecen el díptico del Prado sirven como base para la composición de esas litografías. Según las fuentes documentales halladas al respecto el díptico debió de ser encargado por el embajador inglés George Villiers, lord Clarendon, y ejecutada entre los años 1835 y 1839. Lord Clarendon, se había convertido en uno de los principales coleccionistas de las obras de Villaamil y parece ser que la pieza se mantuvo en su colección durante años.

Se trata de nada menos que cuarenta y dos obras que reflejan diferentes vistas monumentales de ciudades españolas y que fueron realizadas sobre placas de hojalata midiendo unos trece por dieciochos centímetros. Cada una de las piezas fue pintada al natural reflejando la maestría que el pintor tenía para improvisar en el acto y plasmar en su obra del natural, directamente y sin preparación alguna.

El díptico se configura como si de dos arcos apuntados se tratase, su forma en conjunción con los monumentos representados en los óleos nos da una idea de la importancia que el estilo gótico, y en concreto el gótico isabelino, tenía para el artista. La hoja de la derecha muestra una preminencia en las representaciones de la ciudad de Sevilla que tanto encandiló a Villaamil, aunque también encontramos monumentos de otras ciudades como por ejemplo de Oviedo. En la hoja de la izquierda en cambio, la serie de representaciones está dedicada íntegramente a una sola ciudad, Toledo.

Los espacios en blanco que dejaban en la composición general cada una de las planchas fueron ocupado por un gran dibujo que el artista realizó sbre tabla de madera y sirve como fondo de la composición.

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