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Autorretrato de Munch con gripe española

Publicado por A. Cerra

Esta obra del gran pintor noruego del Expresionismo, Edvard Munch, se conserva en la Galería Nacional de Oslo. Y es una obra que realizó en 1919, un año de gran efervescencia artística para él, y precisamente tras pasar una de las enfermedades más mortales que se dieron durante todo el siglo XX. Nos referimos a la conocida como Gripe Española, si bien su origen se ha demostrado que estuvo fuera del territorio hispano. Aunque ha pasado con ese nombre a los libros de historia, ya que en España hubo una importante mortalidad y además se habló mucho de ella, ya que como el país no participó en la Primera Guerra Mundial, fue un tema que trató mucho la prensa, a diferencia de otros muchos lugares europeos, donde quizás hubo más muertes por aquella terrible pandemia, pero donde se preocupaban más de los combates que de la pandemia.

Autorretrato de Munch con gripe española

Edvard Munch sufrió esta enfermedad, y aunque tuvo una convalecencia dura, tal y como se nos muestra a sí mismo, es cierto que tuvo la fortuna de superar la enfermedad que a muchos otros mató. Se estima que en el mundo pudieron morir hasta 40 millones de personas por aquel virus que provocaban fiebre, malestar general y pérdida de defensas, que se complicaba en forma de neumonía, y que muchos nos superaron. Entre ellos algunos grandes artistas como los pintores Gustav Klimt y Egon Schiele, o el poeta Guillaume Apollinaire. Si bien fueron muchos otros los que la sufrieron y se curaron, desde Walt Disney hasta Gandhi, pasando por Scott Fitzgerald o Georgia O’Keeffe. Y por supuesto Munch.

Lo cierto es que la muerte y la enfermedad siempre fue algo muy cercano a este pintor. De niño se quedó huérfano de madre y perdió a su hermana, ambas por la tuberculosis. Y él mismo decía que la enfermedad, la locura y la muerte le acompañaban siempre. Solo es así es comprensible el desgarro de obras como su célebre El grito.

Cuando contrajo la gripe española ya tenía 55 años y estuvo muy cerca de morir por la neumonía. Pero comenzó a superarla y fue entonces cuando se autorretrató. Todo en un tono amarillento muy triste y enfermizo, el color más adecuado para esa imagen de un hombre débil, postrado en una butaca junto a la cama y vestido con un batín y una manta para abrigarse. Con bastón en la mano, imprescindible para que se pueda levantar y caminar un momento antes de caer agotado. Nos mira, pero está desdibujado, y en la realidad estaría demacrado.

Lo curioso es que tras superar un trance tan doloroso, salió tremendamente activo y con poco tiempo de diferencia se volvió a autorretratar, todavía convaleciente, pero con un aspecto más saludable, sobre todo con un rostro de rasgos reconocibles y colores más vivos.

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