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Breve visión del Neoclasicismo (III)

Publicado por Chus

Dentro del panorama de la pintura neoclásica los maestros indiscutibles son los grandes pintores franceses, David e Ingres.

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Jacques-Louis David (1748-1825) nació en el seno de una familia de comerciantes perteneciente a la pequeña burguesía y comenzó sus estudios de pintura de la mano de Boucher, famoso pintor rococó, y de Vien. Consiguió un premio para estudiar en Roma, donde conoció el arte de la Antigüedad, y de los otros grandes momentos históricos, ya que permaneció allí cinco años. En su obra se pueden apreciar influencias de Rafael y de Poussin, así como del realismo de Caravaggio y de contemporáneos suyos como Boucher, Greuze y Vien. Su carrera exitosa comienza con la obra “El juramento de los Horacios” de 1784, tomando el tema del “Horacio” de Corneille y de las “Décadas” de Tito Livio. Se trata del episodio semihistórico, semimítico del juramento ante su padre de los tres hermanos Horacios de luchar por Roma contra los tres hermanos Curiacios (campeones de la ciudad rival de Alba), mientras las hermanas, a la derecha, junto a una oscura figura femenina con dos niños contemplan la escena. La obra fue considerada una declaración de principios, un manifiesto y debe su fuerte impacto a sus logros formales y a la lectura política que de ella se derivaba, ya que la burguesía prerrevolucionaria vio reflejados los valores de virtud cívica, patriotismo y heroísmo. En su composición destacan la complejidad de la misma a base de triángulos, la claridad expositiva, apoyada por la luz fría que solemniza la escena y el estilo depurado gracias a la austeridad de medios. La importancia del dibujo es enorme, lo cual va a constituir una de sus características más señaladas. La escena se sitúa en un espacio teatral, acentuado por la luz procedente de la izquierda del óleo. Las figuras masculinas aparecen representadas de forma muy plástica, mostrando su energía a través de la musculatura, unidas por el ritual del juramento (medieval, por cierto, no romano). Contrastan con las femeninas, que muestran pasividad a través del desconsuelo, dibujando una pirámide con su cuerpo cerrada por sus cabezas. La figura femenina oscura del fondo aporta dramatismo a la escena, supone una especie de concesión a la cultura del sentimiento, al modo “greuziano”. David comenzó siendo el pintor de la revolución burguesa y terminó siendo el pintor oficial del imperio napoleónico, viendo en Napoleón al hombre que podría consolidar los logros de la Revolución, y convirtiéndose en un cronista y ferviente partidario de Bonaparte.

De las obras pertenecientes al período revolucionario destacamos “La muerte de Marat” que acompañaba al retrato de Lepellier de Saint Fargeau (hoy desaparecido), como una especie de altar laico de homenaje a los dos mártires de la revolución. El cuadro es simple, mostrando a Marat en la bañera, ya fallecido, con la pluma en la mano derecha, ya que se encontraba escribiendo. Es una composición simétrica, geometrizada, enfatizando la severidad y desnudez sin ningún elemento accesorio. Algunos críticos han hablado del lienzo como de una “Piedad secularizada”, al ser una especie de oración fúnebre, en la que pequeños objetos engrandecen la figura del revolucionario, son el tintero, la pluma, el cuchillo ensangrentado, etc. El homenaje se completa con la sencilla inscripción de la parte inferior “À Marat”.

Categorías: Neoclasicismo, Pintura