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Conversión de Recaredo, Degrain

Publicado por Laura Prieto Fernández

En el campo pictórico el siglo XIX estuvo invadido por la estética impresionista, no obstante en esta época otros movimientos artísticos tuvieron una fuerza destacada aunque no todos ellos han tenido el reconocimiento que se merecían, de esta manera podemos destacar por ejemplo como en España la pintura de esta época tenía una gran calidad y sin embargo, no ha sido demasiado valorada hasta hace pocos años.

Conversion de Recaredo Muñoz i Degrain

En la segunda mitad del siglo XIX español nos encontramos con un género pictórico que sobresale por encima de los demás, la pintura de historia, ésta se encarga de representar hechos históricos que a menudo tienen correlación con los acontecimientos de la época actual.

En esta ocasión nos encontramos ante un óleo sobre lienzo de grandísimas dimensiones como era típico de la pintura de esta época – el lienzo de formato horizontal, cuenta con casi cinco metros y medio de anchura y algo más de tres metros y medio de alto – pintado por el artista Antonio Muñoz Degrain y cuyo título es La conversión de Recaredo.
Degrain (1840-1924) es uno de los artistas españoles más polivalentes, sus obras fluctúan entre el estilo romántico y la modernidad. Nacido en Valencia, Degrain comenzó a estudiar arquitectura y poco después entro en la academia BBAA de S. Carlos para dedicarse completamente al campo pictórico.

Pronto su pintura cosechó un gran éxito recibiendo importantes encargos e incluso, llegó a ser nombrado director de la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. La obra que aquí nos ocupa fue encargada por el Senado de Madrid a finales de la década de los ochenta, en torno al año 1887. La idea era encargar para el propio Palacio del Senado cuatro obras que representasen momentos decisivos para la historia de España y éste fue elegido como uno de ellos. En esta escena se nos muestra como Recaredo, el rey visigodo, renuncia de manera pública a la religión arriana para unirse al cristianismo. Parece ser que la escena debió tener lugar en el año 589, durante el III concilio de Toledo, tal y como aparece en reflejado en el lienzo.

En la escena principal el monarca ataviado con una espectacular túnica rojiza y coronado por una diadema con una cruz hace su juramento levantando la vista al cielo y apoyando la mano sobre las Sagradas Escrituras que presenta ante él un clérigo en actitud sumisa. A su lado aparece su esposa la reina Badda quién también ha renunciado a su antigua religión y completando la escena la figura de uno de los santos más memorables, San Leocadio.

El artista ha puesto una singular atención en recrear un ambiente que pudiese resultar verídico para la composición, de esta manera nos presenta exquisitos relieves y tapices en el interior del templo donde se aprecian las formas del arte paleocristiano y bizantino. En la composición el artista ha representado la calidad táctil de los objetos bañados por una singular luz que nos remite a los ecos de la escuela valenciana en el brillo de los objetos metálicos.

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