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El árbol en la obra de Gaspar Friedrich

Publicado por Laura Prieto Fernández

En algunas ocasiones un pintor repite de manera incesante en sus obras una misma temática o incluso, un mismo elemento, de modo que éste se ensalza como un elemento representativo de su pintura; en este sentido dicho elemento se convierte en una referencia de la pintura del artista cuyo estudio nos permite conocer mejor la obra del pintor. De esta manera artistas como Van Gogh quedaron representados por sus girasoles o Monet por sus nenúfares, coincidiendo además estos elementos naturales encontramos la figura de Friedrich en cuya pintura se aprecia un elemento común y diferenciador, los árboles.

Como buen artista romántico Caspar David Friedrich (1774 – 1840) era consciente de la importancia que tenía la naturaleza en la vida del hombre de hecho, para los pintores románticos el simbolismo encontrado en el mundo natural va mucho más allá de la simple representación de un paisaje y en su grandeza encuentran verdades como el de la soledad, el amor o la muerte.

En este sentido Friedrich creó un gran número de obras que tenían por protagonistas a los árboles y aquí recogemos algunas de las más llamativas o famosas.

En 1822 el artista pintó el lienzo titulado como Paisaje con árbol en solitario que en la actualidad se exhibe en la Antigua Galería Nacional de Berlín. Se trata de un pequeño óleo sobre lienzo que apenas supera los setenta centímetros de altura y los cincuenta y cinco de anchura; en él observamos un paisaje campestre dominado por un gran roble no muy frondoso y en el que se puede apreciar como la vida va dejando sus cicatrices en los hombres.

Este mismo motivo del árbol solitario y más concretamente de los robles en soledad lo retomaría el pintor a finales de la década de los veinte ampliando su estudio sobre el tema. En Roble solitario bajo la nieve, una pieza de 1829, el artista se recrea en la monumentalidad del elemento natural situándolo en primer plano; bajo el gran árbol un pequeño charco anuncia el deshielo de las ramas en espera de un nuevo florecer.

También de 1822 es uno de los árboles más significativos en la producción del pintor germánico, el conocido como Árbol de los cuervos, una representación de la muerte y la vida. En primer término, observamos una gran encina con una amplia copa pero a la que ya no le queda ni una sola hoja, sus ramas se retuercen y bifurcan formando un intrincado laberinto mientras una bandada de cuervos revolotea en torno a sus ramas. Al fondo, un cielo luminoso alude a una nueva vida enfrentada con la idea de muerte del primer plano.

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