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El contemplador de Giorgio de Chirico

Publicado por A. Cerra

El contemplador de Giorgio de Chirico

El pintor Giorgio de Chirico con obras como esta, o La Gare de Montparnasse, o Misterio y melancolía de una calle, es el gran representante una corriente muy especial dentro del Surrealismo. Hablamos de la pintura metafísica, que en realidad se describe por el estilo de este pintor nacido en Grecia en 1888 y fallecido en 1978 en Italia, país donde residió gran parte de su vida.

Este cuadro de El contemplador que pintó en los últimos años de su vida, concretamente en 1976, resume muchas de las características de su arte. Porque son muy raras sus obras en las que no aparecen los maniquís y también los paisajes. Algo que generalmente ordena mediante composiciones de carácter muy geométrico, y donde dominan unas líneas que marcan un desarrollo vertical de la escena.

Pero volvamos a los maniquíes, ese elemento recurrente en el arte metafísico de Chirico. Estas figuras inanimadas se convirtieron para él en el símbolo perfecto con el que criticar la sociedad de su tiempo. Son muñecos con una cabeza ovalada en la que no hay rostro alguno, y tampoco transmiten emociones. De alguna forma nos da la idea de que el ser humano en Occidente se ha convertido en un objeto más, en autómatas que viven en la sociedad de consumo completamente decadente.

En este caso, detrás del maniquí vemos unos cuantos marcos y cajas de embalaje, lo cual puede representar muchas cosas, según cada espectador. Y es que a Giorgio de Chirico le gustaba incluir en sus escenas elementos de lo más variado y de significados enigmáticos y no dentro de lo convencional, conocido o evidente.

Estos marcos y cajas posiblemente contengan los cuadros que ha pintado ese maniquí, ya que el gran contraste es que en ese interior completamente onírico, de pronto vemos un caballete que sustenta un lienzo donde se representa un paisaje muy realista.

Como ya hemos dicho esta obra la realizó al final de sus días, y por ello se pueden descubrir elementos que nos hablan de su larga trayectoria vital. Por ejemplo, dicho paisaje bien lo podría haber pintado de forma individualizada, ya que de Chirico dominaba la pintura realista, e incluso durante un tiempo se dedicó a pintar los cuadros de Tiziano, autor al que siempre admiró.

E igualmente en los comienzos de su carrera, también trabajó como escenógrafo y diseñador de vestuario en varias representaciones teatrales, y de por supuesto el ambiente de este cuadro nos recuerda a un escenario, donde estaría actuando el inhumano pero animado maniquí de esta obra.