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El General Bonaparte en el Puente de Arcole de Antoine Gros

Publicado por A. Cerra

El General Bonaparte en el Puente de Arcole de Antoine Gros

Antoine-Jean Gros se iba a convertir en uno de los pintores favoritos de Napoleón Bonaparte. Al cual pintó en diferentes momentos de su vida, siempre como protagonista de acontecimientos bélicos claves para acabar convirtiéndose en un poderoso emperador que dominó gran parte de Europa.

Quizás esa preferencia de Napoleón hacia el pintor se deba a que lo retrató como un gran héroe antes de que fuera el personaje tan célebre que fue. Eso se puede ver en esta obra realizada en 1801, ambientada en unos sucesos que acontecieron en 1796, durante la conquista de gran parte de Italia.

El 17 de noviembre de 1796 tuvo un lugar un hecho memorable dentro de la historia y también la leyenda de Napoleón Bonaparte. Aquel día, el joven general dirigió en plena batalla a sus soldados para lograr la conquista del puente de Arcole, de gran valor estratégico. Y es en ese preciso momento en el que nos lo presenta Gros. Vemos al general llevando en la mano izquierda la bandera de su ejército y en la derecha su sable. Y se vuelve para mirar y mandar a sus tropas, al mismo tiempo que su cuerpo avanza hacia el frente, en pleno fragor de la batalla, como nos deja claro el humo que sirve de fondo a la figura.

Sin duda la pose no puede ser más heroica. Y a ello ayuda especialmente el rostro, lo más claro de toda la tela y por supuesto tremendamente atrayente para las miradas del espectador. Es la cara de un joven en el que todo es decisión y orgullo. Ese rostro de tez muy blanca y con los cabellos rubios a la moda revolucionaria quiere plasmar toda la valentía del personaje, para convertirse en la imagen de la exaltación patriótica.

Pictóricamente sin duda el cuadro es de un gran poderío y está ejecutado con enorme maestría por la composición o la pose del personaje. Además de la infinidad de detalles que se descubren en el mismo: desde los adornos de su pomposo uniforme de oficial hasta lo que se puede leer en la hoja del sable desenvainado. Por no hablar que entre la bruma del fondo se intuye un paisaje con diferentes casas y hasta un río.

En definitiva es una obra estupenda desde una perspectiva artística y sin duda consigue el objetivo de ensalzar a Napoleón. Sin embargo, desde un punto de vista histórico tiene un defecto importante. Y es que realmente el joven general no comandó aquella batalla. Lo cierto es que lo hizo un oficial a su cargo, del que por supuesto no conocemos su nombre, ya que la gloria y la posteridad había de recaer en Bonaparte.