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Le Mont Blanc de Jean Antoine Linck

Publicado por A. Cerra

En otras ocasiones os hemos hablando de los viajeros europeos de las más altas clases sociales que a partir del siglo XVII y hasta el XIX, emprendían el Grand Tour, que consistía en un viaje sobre todo por Italia para descubrir sus tesoros históricos y artísticos. Y para esa distinguida clientela muchos artistas creaban cuadros y vistas de los lugares que visitaban, para así vendérselos. Un tipo de cuadros cuyos máximos representantes estaban en Venecia, donde pintores como Canaletto o Francesco Guardi realizaron infinidad de vedute o vistas de la ciudad de los canales.

Le Mont Blanc de Jean Antoine Link

Pues bien aquel fenómeno no solo se dio en Italia, también surgió en otros lugares de Europa. Y uno de ellos fueron los Alpes, unas montañas que también comenzaron a ser muy visitadas en aquella época e incluso se iniciaron las primeras expediciones para hacer cumbre en sus cimas más altas y hermosas. Entre las cuales sin duda destaca el pico más elevado de la cordillera, el Mont Blanc, con sus 4.810 metros de altura sobre el nivel del mar.

Esta montaña con su gran glaciar en las faldas, la llamada Aguja de Gouter y la iglesia parroquial de Chamonix es lo que nos presenta este cuadro que hizo el pintor y grabador suizo Jean Antoine Linck (1766 – 1843). Un artista que vivió toda la vida en su Ginebra natal y que realizó numerosas vistas alpinas destinadas a ser compradas por gobernantes y aristócratas.

Y por supuesto también algunos de sus grabados los comprarían los montañeros de la época, que eran una mezcla de ricos, aventureros y científicos. De hecho, cuando él era un niño se habían comenzado a hacer expediciones para hollar la cumbre del Mont Blanc a cambio de una importante suma de dinero. Sin embargo, ninguna había alcanzado su objetivo.

Hubo que esperar hasta el año 1786 para que por fin lograran esta proeza un doctor que quería comprobar la validez en altura de algunas teorías de Torricelli sobre la presión atmosférica, el cual iba acompañado de un joven buscador de minerales. Un hecho que incrementó todavía más las visitas a los Alpes y que desde luego favorecieron los encargos a Linck.

No obstante, seguramente lo más interesante de esta obra de finales del siglo XVIII es comprobar cómo el paisaje alpino ha cambiado con el paso de los siglos, sobre todo en lo referente a una cuestión, la progresiva desaparición de los glaciares debido a calentamiento global. Y es que el aspecto actual del Mont Blanc, aunque sigue siendo la “montaña blanca” nos muestra una clara disminución en la cantidad de hielo y nieves perpetuas.

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