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El martirio de san Felipe de José de Ribera

Publicado por A. Cerra

Se trata de un lienzo pintado con la técnica del óleo por el pintor valenciano José de Ribera en el año 1639. En la actualidad forma parte de la colección del museo del Prado en Madrid.

Ribera, conocido en los círculos artísticos de su época como Il Spagnoletto, con esta obra va a dar una vuelta de tuerca más a su portentosa pintura de rasgos claramente barrocos. En este caso consigue proporcionar un acusado sentido de espacialidad ambiental a la tela, gracias al empleo de una composición muy abierta, algo que antes de esta fecha no había sido habitual en sus cuadros.

El martirio de san Felipe según José de Ribera

El martirio de san Felipe según José de Ribera

Todo el esquema compositivo se basa en dos diagonales y en la vertical que representa el mástil en el que se va a martirizar colgado al santo. Por cierto, en un primer momento se identificó este santo como san Bartolomé, pero finalmente se supo que se trataba de una imagen del martirio de san Felipe.

José de Ribera pintó en diversas ocasiones obras en las que aparecían martirios de santos cristianos, y en muchas de ellas no se ahorra ni un ápice de crueldad a la hora de mostrarnos ese tipo de escenas. Sin embargo, en esta ocasión eligió representar los momentos previos, los preparativos, lo que le da ocasión para pintar al santo en un desnudo hercúleo, con un cuerpo tremendamente musculado, para lo cual posiblemente usó como modelo uno de los estibadores del puerto de la ciudad italiana de Nápoles, donde se había establecido como reputado pintor, de ahí su sobrenombre de Il Spagnoletto.

Sin embargo, ese cuerpo atlético tiene un rostro compungido y resignado, sintetizando en él todo el misticismo que hizo famoso a José de Ribera. En general, la escena transmite un gran dramatismo muy propio de la pintura barroca, a lo cual contribuye el cielo claro que sirve de fondo a la escena y el gran esfuerzo que se ven obligados a realizar los verdugos para izar el cuerpo del santo en el mástil de la embarcación. Por otra parte, todo el protagonismo recae en el cuerpo de san Felipe, pintado en tonos claros e irradiando luminosidad desde el centro de la tela, lo que contrasta con los tonos oscuros del resto de personajes que tiene a derecha e izquierda.

De hecho, ese cielo del fondo ocupa una parte importante del lienzo, lo que hace que todos los personajes se concentren en la parte inferior, acentuando aún más el dramatismo del martirio y haciendo que nosotros como espectadores concentremos toda la atención en esa parte del cuadro, y nos convirtamos en testigos del martirio, y sobre todo miremos el cuerpo y la cara de san Felipe, hacia el que nos atrae sus colores claros y su luminosidad.

Sin duda, un objetivo que buscaba el autor a la hora de plantear esa composición. No hay que olvidar que se trata de una pintura religiosa y por lo tanto tenía que trasmitir el mensaje al fiel, el mensaje de la lucha de los primeros cristianos y la fortaleza con que se enfrentaron a los enemigos de la fe, un mensaje muy vinculado al momento histórico en que se realizó la pintura, cuando todavía estaba muy recientes las luchas entre católicos y protestantes, entre la Reforma y la Contrarreforma.

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