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«San Andrés» de José de Ribera

Publicado por Chus

Es una obra pintada al óleo sobre lienzo que se encuentra en el Museo del Prado de Madrid, que fue realizada hacia 1630-1632.

José de Ribera fue un pintor valenciano (Xátiva, 1591) que se asentó como pintor en Nápoles, donde era conocido como “Spagnoleto” (tanto porque firmaba sus obras como “Ribera, español” como por ser de escasa estatura), lugar en el que falleció en 1652. Fue uno de los representantes más característicos del naturalismo barroco y uno de los que mejor supo interpretar el sentimiento religioso pedido por el Concilio de Trento, cuyo afán era extender y potenciar la adoración y veneración de santos y apóstoles entre la población en general, dentro de la “lucha” por ganar adeptos frente a los protestantes, incidiendo sobre todo en los temas que los diferenciaban de los luteranos, las hagiografías y las escenas marianas. Ribera recibió en Nápoles la influencia “caravagiesca” que por entonces hacía furor en Italia, plasmándola en sus lienzos, sobre todo en la primera etapa de su pintura.

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Precisamente a esta primera etapa corresponde esta obra, en la que San Andrés aparece encarnado en un hombre viejo, triste, pensativo, ensimismado, con la mirada perdida, que parece casi no estar en este mundo, agarrado a la cruz en forma de aspa en la que murió, llevando en su mano derecha un anzuelo con un pez, recordándonos así su anterior oficio (antes de ser apóstol) de pescador. En la escena no se representa nada más, tan solo lo esencial, con el cuerpo del santo como la perfecta imagen del asceta, del anacoreta, delgado, con el cuerpo enjuto y seco, con cabellos y barbas descuidadas y canosas, que representan el ascetismo y misticismo que conducen a la gloria de Cristo, tan lejanas de la vanidad de las cosas terrenales. Es un tipo de retrato psicológico que pretende captar a un humilde pescador, cansado, liberado de cualquier tipo de símbolo de ostentación, adorno o lujo, que toma como modelo a cualquier personaje de la vida real, a tipos vulgares que sirven como modelos de los personajes sagrados. Se trata de una representación verista, analítica, en la que destacan los efectos táctiles de la piel y los huesos que se transparentan a través de ella.

Es una obra radicalmente tenebrista, en la que el cuerpo aparece fuertemente iluminado por un foco de luz externo al cuadro que le entra por la izquierda, dejando en penumbra el resto del lugar en el que se encuentra el personaje. Esta mezcla de luz y tinieblas es típicamente barroca, caravagiesca y riberesca también, ya que con maestría, “Lo Spagnoleto”, logra dominar esa técnica lumínica. No le interesan los fondos, como a Caravaggio, por lo que la penumbra del mismo es total.

Ribera plasma en sus lienzos la realidad de forma dura, no temiendo representar la desgracia ni la deformidad. Siempre toma como modelos para sus personajes a personas del pueblo, vulgares y corrientes, llenas de sufrimiento, que muestran en sus cuerpos y rostros el paso de la vida, y en sus canas y expresiones cansancio, en sus hundidos ojos, el dolor y la mortificación del cuerpo que es necesaria para alcanzar la perfección del alma en un camino ascendente hacia la gloria.

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