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El rompeolas de Sorolla

Publicado por A. Cerra

A Joaquín Sorolla se le considera en muchas ocasiones el gran pintor de la luz mediterránea. Algo que descubrió desde su niñez, ya que él mismo nació en Valencia y esa costa y sus playas las retrató en innumerables ocasiones. Un paisaje suave, cálido y con un mar casi siempre en calma y luminoso.

El rompeolas de Sorolla

Sin embargo en este cuadro de 1917 vemos un tipo de paisaje muy diferente. Y es que seguimos en la costa española, pero ahora en la zona norte, en la que baña el mar Cantábrico bastante más bravo que el Mediterráneo.

La imagen nos presenta el rompeolas de la ciudad de San Sebastián. Un lugar que como nos indica su nombre sirve para apaciguar al fuerza del mar, creando un imponente espectáculo natural al que acuden muchos paseantes y curiosos, tal y como se ve en la imagen. En este caso en un momento previo a un tormenta, ya que los colores del cielo nos avanzan que pronto comenzarán los rayos y truenos.

Sorolla pintó esta zona numerosas ocasiones. De hecho acudía a San Sebastián con regularidad, sobre todo para pasar los veranos. Quizás para disfrutar de un clima más agradable, que las altas temperaturas de la costa mediterránea y porque a comienzos de siglo XX, esta ciudad vasca era el destino predilecto de los españoles más pudientes.

Y fruto de esas estancias, realizó numerosos cuadros de la zona, incluidasvarias vistas similares repartidas por distintos museos. En total son hasta 17 vistas muy semejantes, del paseo marítimo, el rompeolas y al fondo el Monte Ulía que cierra la bahía. En este caso, mostramos una que posee el Museo Sorolla en Madrid.

Todas ellas son obras que muestran el gran dominio de la luz del artista, capaz de captar con gran soltura y realismo la luz ambiental, así como los colores de las aguas marinas.

Aquí vemos un mar en una tensa calma, la que precede a la tormenta, ya que se aprecia un cielo encapotado, nublado, hasta podemos sentir la humedad ambiental. Un mar y un escenario atractivo, o al menos así les parece a las pequeñas figuras que lo contemplan. Y es que esta es una gran diferencia entre sus cuadros pintados en el Mediterráneo y los que representan el Cantábrico. En los primeros la luz domina todo, y las figuras viven en la playa o en el mar, pasean, juegan, pescan, navegan. En cambio en la costa cantábrica, el mar es mucho más poderoso y salvaje, motivo por el cual se acaba por convertir en un elemento para la contemplación. De hecho, al propio Sorolla le fascinaba y era captar mirarlo largos ratos, aunque luego lo pintara con tremenda rapidez, como en este caso, en el que se puede ver que casi no ha usado pintura, y pese a ello consigue plasmar toda su luz y fuerza.

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