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Joven del vestido verde de Tamara de Lempicka

Publicado por A. Cerra

Los nombres de mujer no son demasiado habituales entre los grandes artistas, y mucho menos los de mujeres que además cosecharon el éxito artístico en vida. Pues bien, hoy nos toca hablar de una mujer que sí que lo consiguió: Tamara de Lempicka. Y lo hizo con obras como esta Joven con vestido verde de año 1930 y que hoy cuelga en la salas de Centro de Arte Contemporáneo Georges Pompidou en París.

Joven del vestido verde de Tamara de Lempicka

Y lo cierto es que esta obra de la pintora, así como otras suyas como su Autorretrato en un bugatti verde, o sus desnudos como Adán y Eva, fueron muy cotizadas en vida, y se consideraron grandes creaciones del Art Decó. Pero no solo eso, si no que además de eso, el modo de pintar, más bien esculpir los cuerpos y los vestidos de Tamara de Lempicka ha servido de inspiración incluso más allá de su muerte en 1980, ya que grandes diseñadores de moda como Giorgio Armani, Louis Vuitton o Karl Lagerfeld han confesado su devoción por su obra y le han hecho realizando auténticos homenajes con sus diseños.

Hay que decir que para alcanzar ese éxito, la pintora contó con mucho talento y valentía, pero también con un factor determinante. Ella no pintaba para comer, ya que provenía de una familia polaca aristocrática, en la que no faltaba el dinero. Algo que le permitió pintar, y también formarse, o viajar por el mundo conociendo a los grandes artistas de comienzos del siglo XX.

Ese nivel de vida lo mantuvo, durante los dos matrimonios que contrajo, viajando sobre toda por Europa. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial supuso que se instalara en Estados Unidos, donde definitivamente se iba a convertir en una de las celebridades del momento, alternando con todo tipo de estrellas, sobre todo con las de cine.

Es decir, que su innegable talento con los pinceles se vio acompañado de unas relaciones sociales importantes, algo ideal para el género que más trabajó: el retrato. Retratos en los que sigue las pautas que aquí vemos. Son siempre de tamaños considerables, y pictóricamente usa colores muy fuertes siempre y con los que genera los volúmenes creando planos que parecen haberse originado con la pintura cubista, pero sin la radicalidad de la geometría. Pero es cierto que, Lempicka siempre admiró el Cubismo.

Y la gran cualidad de estas imágenes es su extraordinaria capacidad para representar mujeres etéreas, ligeras y delicadas, pero al mismo tiempo con un porte escultural, casi monumental. Todo eso con la atmósfera recargada del Art Decó. A ese periodo y a ese estilo pertenecen sus obras más conocidas y que desarrolló tanto en Europa como Estados Unidos, retratando a los personajes más célebres de su tiempo, tanto si eran actores como aristócratas. De hecho, era buscada para ello, ya que supo vender excelentemente su “producto” entre los privilegiados de la época. En definitiva, una mujer admirable por su arte, por su capacidad para el marketing y también porque se tomó su vida como una larga fiesta.

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