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La enferma, Valloton

Publicado por Laura Prieto Fernández

A finales del siglo XIX el panorama artístico francés se había quedado huérfano; la tendencia post impresionista que hasta entonces había estado vigente parecía haber agotado hasta los últimos recursos pictóricos y las vanguardias artísticas aún no se encontraban lo suficientemente consolidadas para adueñarse de la tradición pictórica de Francia. En este contexto surgió, un nuevo movimiento cuyas bases se asentaban sobre la supremacía colorista de los cuadros de Gauguin, los nabis.

Los nabis son un grupo de pintores de finales del XIX que desarrollaron su arte principalmente en Francia y para los cuales, el color era la base de la composición pictórica; quizás el representante más conocido de este grupo para el gran público sea el artista Pierre Bonard pero si Bonard es conocido por algo no es precisamente por sus pinturas nabis sino, por sus últimas obras más cercanas al simbolismo.

En esta ocasión analizamos la obra de otro nabi, el pintor Félix Vallotton de origen suizo, pero quien desarrolló la mayor parte de su profesión en Francia. En 1892 el artista presentó la que sería su obra más conocida, La enferma, un óleo sobre lienzo de formato horizontal que hoy se encuentra en una colección particular. La pieza está protagonizada por una de las musas más conocidas del artista, la parisina Helene Chatenay a quien el artista conoció en un café parisino junto con su amigo, el también pintor Charles Maurin.

La pieza nos muestra una escena intimista y de interior en la que la modelo descansa enferma sobre una cama que, extrañamente está situada de espaladas al espectador; la posición de la cama no tiene sentido ninguno en la composición de la obra pero el hecho de negarnos el rostro de la modelo hace que se cree un ambiente de misticismo e intriga. Por otro lado, esta imagen de la modelo se contradice abiertamente con la de la criada que entra en la habitación para asegurarse de que la enferma está bien y para llevarle una bebida caliente. La criada, ajena a la enferma que descansa en la cama, mira directamente al espectador, como queriéndole involucrar en la trama, una trama más propia del teatro que de la pintura.

En esta ocasión, Vallotton ha dejado de lado su interés por el color utilizando una gama fría de acorde con la temática de la obra. Especial atención merece el detallismo con el que el pintor ha recreado la estancia: el detallismo de la naturaleza muerta que descansa junto a la cama de la paciente con un carro, las filigranas del papel que decora las paredes etc.