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La Luna y la Tierra, Gauguin

Publicado por Laura Prieto Fernández

En ciertas ocasiones algunos de los pintores más destacados de todos los tiempos, han hecho viajes que cambiaron el rumbo de su pintura y su estilo artístico -véase el caso por ejemplo de Velázquez con sus viajes a Roma- sin embargo, si tenemos que destacar un pintor cuyos viajes influenciasen su forma de pintar, ese sería sin lugar a dudas Paul Gauguin; y es que el artista postimpresionista realizó algunas de sus mejores pinturas después de sus viajes. De hecho, la pintura de Gauguin nunca volvería a ser la misma tras viajar a Tahití.

Eugene Henri Paul Gauguin (1848 – 1903) es uno de los artistas más destacados del estilo postimpresionista y sin lugar a dudas, el pintor que más ha influenciado en las vanguardias artísticas posteriores ya que como inspiración de sus pinceles nacieron diferentes movimientos artísticos como el fauvismo o el expresionismo. No obstante, Gauguin no fue precisamente un pintor al uso; su carrera artística no comenzó a una edad temprana sino cuando ya contaba con una familia y una carrera militar que abandonaría para perseguir su sueño de ser artista. Tras diferentes viajes y múltiples residencias –el artista ya había vivido en Paris, Bretaña junto con Van Gogh, había viajado a la Martinica…- Gauguin llega a Tahití a principios de la década de los noventa. Desde el principio la cultura tahitiana envuelve al artista de tal forma que, por primera vez en su vida, Gauguin siente que ha encontrado su sitio en el mundo.

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En esta ocasión analizamos una obra pintada en 1893, fruto de ese primer viaje a Tahití. La obra se exhibe en la actualidad en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en USA y se trata de una pieza de formato vertical y pequeñas dimensiones – tan solo cuenta con un metro diez de altura y poco más de sesenta centímetros de anchura- y está realiza en óleo sobre lienzo.

El artista se ha basado en la mitología tahitiana representado en su lienzo a dos de las deidades más destacadas, La Luna y La Tierra o Hina y Fatou. Se trata de un pasaje recogido en el libro Noa Noa en el que la Luna le pide a Fatou que haga inmortales a los hombres pero éste se niega. Hina aparece de espaldas y es representada como una mujer desnuda que susurra al oído al dios Fatou del que solo se aprecia su rosto representado en la esfera celeste, Fatou es un dios implacable que no cede ante las súplicas de la Luna. Ella en cambio se representa como una mujer dulce que se asocia con la fertilidad y el renacer.

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