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La siega del heno de Brueghel

Publicado por A. Cerra

Este cuadro del pintor belga Pieter Brueghel “El Viejo” se conserva en la actualidad en la Galería Nacional de Praga, en la República Checa.

Como en algunas otras obras suyas, como la célebre Cazadores en la nieve, a primer vista puede parecer que la imagen no es más que una escena de carácter rural integrada en un paisaje. Podría pensarse que el ojo del espectador se dirige al azar hacia cualquier grupo o detalle, y posteriormente se va posando de manera aleatoria en otros elementos de la composición. Sin embargo, hay dos direcciones que nos guían a la hora de contemplar la obra.

La cosecha de heno de Brueghel

La cosecha de heno de Brueghel

Una de ellas nos hace seguir la línea de campesinos que se encuentran en primer término. Y la otra es la que marca la ascensión desde la población hasta la gran roca del fondo. Por otra parte, al estudiar los diferentes personajes también se descubre que tienen una estructura bien meditada. Aquellos que están en primer plano y los que están trabajando en el campo del segundo término forman la figura de un doble ocho. Separados por el crucifico que hay en el camino, aparentemente anecdótico pero que sirve como eje vertical de esa parte de la composición.

Es habitual que tanto Brueghel El Viejo, como su hijo y discípulo Pieter Brueghel El Joven (1564 – 1638) realizaran obras repletas de numerosas y pequeñas figuras, creando con ello toda una escuela en la pintura flamenca de los países del norte de Europa. Otro ejemplo de este tipo de pintura podría también ser El Triunfo de la muerte. Siempre se suele tratar de composiciones con un punto de vista muy alto, y relatando con ellas infinidad de historias, escenas y detalles. De hecho, a este tipo de imágenes se les ha denominado como “enciclopedia de la vida neerlandesa o flamenca”.

En concreto esta pintura realizada sobre tabla formaba parte de un ciclo de obras con las que Brueghel quería representar los meses del año. En este caso se trata del mes de junio, cuando se siega la hierba para el ganado.

Todo ello nos lo presenta con su esquema de colores muy tradicional, basado en los tonos ocres, en el que destaca el campo amarillento de heno. Es de admirar como todo en la obra está muy estudiado, sobre todo la distribución de espacios y los colores con los que los presenta. Y es que Brueghel solía inventarse los paisajes, si bien se basaba en la observación de la realidad.

Al mismo tiempo demuestra su portentosa maestría de la pintura que lo convierten en uno de los artistas más insignes del siglo XVI fuera de Italia, donde están trabajando los grandes maestros del Renacimiento. Por ejemplo es de destacar como aplica diferentes tratamientos en los distintos planos. Contrastando el dibujo conciso y claro de las figuras del primer plano, todo muy nítido, con la atmósfera azulada que aplica al paisaje, repleto de luminosidad, consiguiendo cierto difuminado que da una idea de alejamiento en la distancia.

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