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Las Grandes Bañistas de Cézanne

Publicado por A. Cerra

Paul Cézanne en sus últimos treinta años realizó infinidad de obras inspiradas en este tema de las bañistas. Una temática que utilizó para seguir en un profundo estudio de lo que es la pintura y también en ir descubriendo los misterios de la naturaleza.

Pintando estos cuadros es como adquirió realmente el oficio. Algo que le absorbía por completo. Su obsesión por el trabajo y por sus investigaciones pictóricas eran eternas, e incluso podemos decir que autodestructivas. Con cada obra parece cuestionar la anterior, lo cual evidentemente el provocaba al autor graves problemas de convicción en su trabajo. Algo que ese comprende mucho mejor en sus series de bañistas, una producción en la que destaca por su valor y su vigor este cuadro de Las Grandes Bañistas que culminó en el mismo años de su muerte, en 1906 y que actualmente se expone en el Philadelphia Museum of Art, en Estados Unidos.

Las Grandes Bañistas de Cézanne

Este cuadro y otros de la misma temática se ambientan en la ciudad natal de Cézanne, en Aix en Provence, y más concretamente en las orillas del río Arc. Un escenario casi propio del impresionismo, ya que también hay ese juego de captar los efectos de luz, los reflejos en el agua y los claros y sombras entre la vegetación.

Pero a Cézanne le preocupan otras cosas en su pintura. Busca una imagen monumental, y no solo por el tamaño del lienzo (208 x 252 cm). Él nos presenta un conjunto de cuerpos desnudos monumentales que ubica en una especie de templo natural, ya que los troncos de la ribera del río, sin duda forman una bóveda protectora.

Una composición casi clásica, ya que se basa en una pirámide formada por las diagonales que hacen los troncos de los árboles, mientras que la línea horizontal y paralela a la base de la imagen la forman el agua del río y la arena del suelo. Todo ello recrea un triángulo arquitectónico que acoge en su interior a las mujeres desnudas, cada una en una pose distinta, sin estridencias y adaptadas a la calma de la escena.

El pintor juega con lo que realmente vio y lo que imagina, para al final recrear una escena distinta, nueva. Tanto en la naturaleza de los árboles como en la de los cuerpos hay algo de abstracción. Una sensación a la que también ayuda la elección del color, aplicado a base de pinceladas planas yuxtapuestas, enfrentando los tonos cálidos de los cuerpos o los troncos a los fríos del cielo y del follaje. Es decir, jugando con los tonos rosas, ocres y marrones frente a los azules y verdes.

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