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Retrato de la señora Andrew de Constable

Publicado por A. Cerra

Retrato de la Señora Andrew de Constable

Al inglés John Constable sobre todo se le conoce por su faceta como pintor paisajista con obras tan maravillosas como El Molino de Flatford o la Playa de Brighton. Pero a lo largo de su carrera también trabajó otros géneros como el retrato. Y un buen ejemplo es esta obra que representa a la Señora Andrew en un óleo que actualmente se conserva en la Tate Gallery de Londres.

Sin duda, lo que realmente le apasionaba al pintor era plasmar sus paisajes, sobre todo los más queridos por él realizado en el condado de Suffolk donde nació, como el que nos presenta en La esclusa. Pero la verdad es que en su tiempo era mucho más rentable dedicarse al retrato. Y por eso hizo varios por encargo como el que aquí os presentamos, pintado en 1818.

En realidad, esta obra era doble, ya que el encargo consistía en pintarla a ella, pero también a su esposo el doctor James del Adiscombe College.

Ambos son dos de las mejores obras del género que hizo Constable, el cual nunca llegó a estar realmente cómodo haciendo este tipo de trabajos. Sin embargo, en este supo volcar toda su maestría con los pinceles para crear una obra de entidad.

Vemos una obra de aires clásicos, sobre todo por la composición piramidal en la que nos presenta a la mujer, como si fuera una efigie. Un retrato que nos transmite todo la dignidad y señorío de la señora, lo cual se manifiesta en sus gestos. Por ejemplo, en desviar la mirada hacia la lejanía e inclinar levemente su cabeza.

Pero además pictóricamente, Constable aplica todo su dominio del color. Sabe jugar con los tonos blancos, con infinidad de matices y transparencias, tnato en el ampuloso vestido como en la cofia que cubre la cabeza. Y con esa gama de blancos y el fondo neutro, consigue que destaquen poderosamente los rasgos del rostro y también de las manos, con los puños casi cerrados, mostrando sus ricos anillos.

Como decimos este es uno de los mejores retratos que hizo John Constable, y ciertamente podría haber seguido en este campo alcanzando altas cotas artísticas y sobre todo ganando más dinero para su supervivencia. Porque la verdad es que hoy tenemos a este artista del Romanticismo inglés como un gran pintor, pero a lo largo de su existencia en muy pocos momentos llegó a ganarse la vida dignamente. Eso solo lo conseguía cuando hacía algún retrato como este, o cuando realizaba copias de cuadros religiosos. Pero no solía aceptar este tipo de encargos, él prefería ser mantenido por su padre y dedicarse a su pasión: pintar paisajes.

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