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San Pablo en Malta de Adam Elsheimer

Publicado por A. Cerra

San Pablo en Malta de Elsheimer

Durante el Renacimiento se reivindicó la cultura y el arte clásico de la Grecia y la Roma Antigua. En la mayoría de las ocasiones conocido a partir de sus esculturas y los restos de sus arquitecturas. Pero también se estudiaron en profundidad los textos antiguos que describían las pinturas de esas épocas. En esto cobraron un relevante papel los textos de Plinio el Viejo, quien hablaba de los fabulosos paisajes que se pintaron en la Antigüedad.

Curiosamente, en la cuna del Renacimiento que fue Italia, los pintores no mostraron especial interés hacia el género del paisaje, pese a que los coleccionistas cada vez demandaban más este tipo de obras. Fue entonces cuando entraron los pintores del norte de Europa en escena, tanto los procedentes de los Países Bajos como de Alemania, especializados tradicionalmente en los detalles y en los ambientes paisajístico. A ellos se les demandaron cuadros de temáticas rústicas y pastorales donde el tema estuviera dominado por el paisaje.

Este es el caso de este óleo pintado sobre chapa de cobre por el pintor alemán Adam Elsheimer (1578 – 1610). Lo cierto es que este artista, que no vivió demasiado, pasó la parte más fecunda y creativa de sus existencia en Roma, ciudad donde vivió sus últimos días años de vida. Y aunque no realizó muchas obras, su legado fue importante con joyas como este cuadro que pintó hacia el año 1600.

Fue un paisajista que ayudó a que ese género empezara a considerarse como pintura mayor, y lo fue por su dominio también de la representación de figuras, haciendo así que todo el conjunto sea de lo más atractivo. Y lo curioso es que se trata de un obra muy pequeña, ya que tan apena tiene 17 x 21 centímetros de superficie.

Aun así genera una composición portentosa, capaz de expresar la fuerza de la naturaleza y enfrentarla a la debilidad del ser humano, que de alguna forma solo puede salvar gracias a la intervención divina.

Todos eso pretende expresar en esta escena inspirada en el pasaje del naufragio de San Pablo en la isla de Malta. La fuerza del mar se ve en esas olas que rompen contra la costa y levantan su espuma hacia el cielo. Mientras que los que se han salvado del naufragio están en primer plano, en la parte baja del cuadro. Están secando sus ropas, incluso algunos cuerpos se ven desnudos y es fácil emparentarlos con las formas de las figuras de escultóricas de la época.

Parece todo un gran ejercicio pictórico, eso sí, en miniatura. Y aún así hay un relato, en la esquina inferior izquierda, donde se ve como a San Pablo junto a la hoguera. Ahí le ha picado una peligrosa víbora mordiéndole el brazo, pero este supo librarse de ella y no sufrir daño alguno. Motivo por el cual, los nativos comenzaron a tenerlo como una figura sagrada.