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La ciudad se levanta, Boccioni

Publicado por Laura Prieto Fernández

A lo largo de los siglos XIX y XX la tradición pictórica se vio fuertemente afectada por distintos factores y situaciones que hicieron que la pintura se encaminase hacia nuevas formas de expresión. Uno de los hechos más destacados fue la aparición y desarrollo de la fotografía; hasta aquel entonces la pintura había sido la encargada de captar la realidad sin embargo con la llegada de la fotografía y su capacidad para captar más fielmente que nunca antes en la historia el mundo que la rodea, no parecía tener mucho sentido que la pintura continuase siendo el fiel reflejo de la realidad.

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En este contexto se desarrollaron además, un conjunto de cambios e innovaciones técnicas en distintos ámbitos que influyeron poderosamente en la pintura. De este modo no parece difícil comprender que la pintura buscase nuevas formas de expresión, formas que darían lugar a la vanguardia artística. Todas y cada una de las vanguardias se ocuparon de llevar la pintura hacia un nuevo terreno que nunca antes se había explorado pero quizás fuese la estética futurista mejor ninguna otra la que encontró en la modernidad su fuente de inspiración, de esta manera los artistas de la corriente futurista se fijaron en el movimiento y la transformación de la urbe, en la llegada de las máquinas e incluso en los desastres de las grandes guerras para completar sus creaciones.

Así La ciudad que se levanta, también conocido como El surgimiento de la ciudad o incluso Creación de la ciudad, es una de las primeras obras de estética futurista realizada por el pintor Umberto Boccioni. Boccioni (18882 – 1916) es uno de los artistas italianos más destacados de todos los tiempos, incluso a día de hoy su obra ha tenido una gran influencia en el arte contemporáneo. Nacido el Milán el artista conoció en los inicios de su carrera artística las tendencias divisionista y a principios del siglo XX, en torno al año 1910, el pintor conoció a Tommaso Marinetti y juntos plantearon el primer Manifiesto de la estética futurista.

Este es uno de esos lienzos en los que se plasman los ideales del artista: nos encontramos ante un lienzo de formato horizontal y gran tamaño –con más de tres metros de anchura y dos de altura- que en la actualidad se conserva en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. La pintura representa la construcción de lo que parece ser una fábrica en una ciudad, utilizando para ello la fuerza de los caballos. La construcción que en teoría debía ser el elemento principal de la pintura ha quedado relegada en pro de la fuerza y el dinamismo de los animales. Las pinceladas son rápidas y cortas y con ellas el artista logra transmitir el movimiento y la potencia de los animales. Las formas se dividen en pequeños elementos y destaca la intensa paleta con la que el artista ha representado las formas de los animales, con colores complementarios que se contrarrestan y captan nuestra atención.

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