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Orfeo y Eurídice de Poussin

Publicado por A. Cerra

Este óleo lo pintó el artista francés Nicolás Poussin en torno al año 1650, siguiendo las pautas vigentes en la época que se atenían al llamado Clasicismo Barroco. La tela es de grandes dimensiones, ya que tiene 120 cm de altura por dos metros de anchura, y en la actualidad permanece expuesto en las salas de museo del Louvre de París.

Orfeo y Eurídice de Poussin

Orfeo y Eurídice de Poussin

Durante años la autoría de esta obra estuvo llena de dudas y especulaciones, ya que durante un tiempo se creyó que había sido pintado el artista contemporáneo Le Brun, quién también era el arquitecto real de la monarquía francesa. Sin embargo, tan apenas había pruebas que aseguraran que esa atribución era cierta.

En cambio, el estilo de este cuadro sí que se corresponde con las características de un Poussin ya maduro, porque lo pintó una vez sobrepasada la cincuentena, ya que Nicolas Poussin nació en 1594 y falleció en 1665.

De hecho, durante esa fase de su vida pintó algunas de sus obras más afamadas como ésta u otras de la valía del Diógenes del Louvre, el Polifemo del Ermitage de San Petersburgo, donde también se conserva otra tela importante titulada Hércules y Caco. Así como durante sus años de madurez pintó el Paisaje de Saint Matthieu guardado en el museo de Berlín o el Paisaje de san Juan en Patmos propiedad del Art Institute de Chicago.

Con este breve listado se pueden sacar rápidamente dos conclusiones. La primera es que Poussin fue artista que principalmente realizó obras de temática mitológica y que esas escenas siempre las ambientaba en paisajes portentosamente pintados. Y la segunda conclusión a extraer de este listado, sería comprobar cómo su producción pictórica es muy valorada y apreciada por las grandes pinacotecas de todo el mundo.

En todas estas obras, y particularmente en la protagonizada por Orfeo y Eurídice se pude admirar la composición rigurosa de la escena, basada en una sólida estructura de la imagen, así como se puede descubrir su pincelada firme.

Algo típico de este periodo artístico, es que los pintores quieren plantear en sus cuadros un armoniosa alianza entre la naturaleza y el hombre, algo típico de todos los periodos de clasicismo, y lógicamente también en el Barroco.

Poussin nos lo plantea aquí en un momento en el que Orfeo está cantando y tañendo su cítara, mientras las ninfas se bañan en el río, y entre esas ninfas está Eurídice, a la cual le va a morder una maléfica serpiente que la llevará a los infiernos.

Para presentar este episodio mitológico, Poussin elige el paisaje de la campiña romana y además ubica varios edificios que son fácilmente identificables como el Castillo de Sant’Angelo, con su aspecto original cuando todavía era el mausoleo del emperador romano Adriano.

Precisamente de ese castillo sale una espesa humareda que se prolonga en el cielo mezclando humo y nubes, lo que sirve para que Poussin plasme una de las grandes señas de toda su pintura, sus personalísimos cielos en los que hace bellas distribuciones de sombras y luces, y donde los registros de tonos son enormes.

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