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Mosaicos de San Vitale 2

Publicado por A. Cerra

Uno de los mosaicos más impresionantes de la iglesia de San Vitale en Rávena es el que se encuentra en el ábside. Esta composición de Cristo Redentor ya ha sido objeto de un post anterior. Pero en este templo se atesoran muchos más mosaicos que se cuentan entre lo más valioso de esta disciplina artística del periodo bizantino.

Mosaico de Justiniano en San Vitale

Mosaico de Justiniano en San Vitale

Lo cierto es que durante el siglo VI se puede considerar que la verdadera capital del mundo era Bizancio, es decir, la actual Estambul. Durante ese siglo, concretamente entre el 527 y el 565, ostentó el poder el emperador Justiniano. Este gobernante nunca se alejó excesivamente de su residencia oficial en Bizancio, y por ello se vio obligado a expandir su imagen de una forma más propagandística por medio de las obras de arte.

En este sentido, un excelente ejemplo es el mosaico que está dedicado a él en la iglesia de San Vitale. Y es que de hecho por aquellos años las imágenes de los emperadores, fueran en pintura, escultura o en mosaico recibían en la práctica los mismos honores que los personajes reales. Y aquí vemos a Justiniano con parte de su corte, vestidos y ataviados igual que si hubieran visitado la ciudad durante su reinado.

Aparece el emperador vistiendo un clámide o manto, en este caso de seda púrpura, el color exclusivamente reservado a la autoridad. Es muy interesante contemplarlo con atención ya que nos da muchas pistas sobre la indumentaria de la época. Gracias a ello sabemos que ese manto se sujetaba al cuerpo gracias a una fíbula o hebilla de oro que se ve en su hombro. Y también vemos como el emperador Justiniano se distingue del resto de mortales que le acompañan porque sobre su cabeza lleva una aureola, algo reservado solo a los santos, y además porta una corona decorada con piedras preciosas.

El emperador, como elegido de Dios, lleva en sus manos la ofrenda litúrgica del pan eucarístico. Y en sus pies vemos el calzado de cuero rojo, símbolo de su realeza y de su derecho a pisar la sangre de sus enemigos. Y rodeándole se ve a su corte de dignatarios, vestidos de blanco y de púrpura. Entre esos dignatarios se distingue al obispo de Rávena, Maximiano.

Pero además en San Vitale no solo está el mosaico dedicado a Justiniano. Hay otro paño en el que se ve una imagen similar pero protagonizada por su esposa la emperatriz Teodora y su séquito. Se ve como la mujer también lleva la aureola y la corona como su marido. Y en este caso, ella lleva la ofrenda del vino para la Eucaristía.

En definitiva, estos mosaicos plasman el rígido código de formas y protocolos que rodeaban a la figura imperial. Unos códigos y ritos que eran conocidos por prácticamente toda la población, que aunque no supiera leer inmediatamente identificaba la imagen imperial.

Pero además la propia materialización en un mosaico de esta imagen ayudaba más a darle solemnidad al gobernante, ya que la técnica y los recursos utilizados ayudan a transmitir la idea de majestuosidad. A ello se debe la composición frontal, la claras expresiones de los rostros, el rico fondo dorado, la total ausencia de relieve corporal y también de cualquier matiz de claroscuro en el colorido.

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