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Catedral y reloj astronómico de Estrasburgo

Publicado por Laura Prieto Fernández

En la ciudad de Estrasburgo, en la región de Alsacia al norte de Francia, encontramos una de las construcciones medievales más destacadas de Europa, la conocida catedral de Notre Dame. La primitiva construcción además de ser uno de los mejores ejemplos de gótico tardío levantados en Europa, tuvo durante mucho tiempo el honor de ser el edificio más alto del viejo continente y del mundo entero con sus ciento cuarenta y dos metros de altura.

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En el siglo XIX la catedral fue declarada monumento histórico nacional y no es ara menos ya que en esta singular obra se aglutinan las características más destacadas de otras catedrales francesas como Chartres, Reims o incluso la mismísima Catedral de Notre Dame de París.

Las fuentes arqueológicas y documentales nos hablan de que ya en el siglo VI debió existir una primitiva iglesia sobre la que posteriormente se levantaron los cimientos de la catedral. De este conjunto no se saben apenas datos y los expertos no han podido recabar aún demasiada información. No obstante lo que sí conocemos son los restos de una gran basílica construida en el siglo XI por orden de Wernher I y que servirá de cimiento para la catedral que hoy conocemos; de hecho durante los años venideros lo que se fue realizando fueron sucesivas ampliaciones de la basílica hasta adquirir una proporciones monumentales que permitiesen albergar al creciente número de fieles.

En la evolución de la Catedral de Estrasburgo se puede apreciar la propia evolución de las formas góticas de modo que si bien en un primer momento se planteó tan solo una elevación de las naves, posteriormente se incorporaron elementos típicos de la estética gótica como los arcos apuntados, las bóvedas de crucería y los pináculos.
Pero en Estrasburgo no sólo impacta la calidad arquitectónica del edificio –que es mucha- sino también los destacados programas escultóricos que se manifiestan en sus portadas ricamente labradas y un elemento muy singular en el interior del propio templo que a nadie deja indiferente, el reloj astronómico.

Éste es una muestra de la perfecta síntesis entre los conocimientos astronómicos, matemáticos y artísticos de la época. En Estrasburgo ya había existido un reloj anterior a éste que debía datar del siglo XIV y era conocido como El Reloj de los Tres Reyes, sin embargo y a día de hoy tan sólo se conserva de él un autómata con forma de gallo que fue realizado en hierro y madera y que es el autómata conocido más viejo de occidente.

El nuevo reloj data del siglo XVI y en su construcción participaron artistas como Tobias Stimmer, los hermanos relojeros Habrecht así como los matemáticos Christian Herlin y Conrad Dasypodius. Dispuesto en niveles superpuestos encontramos el reloj en sí pero también la posición de los planetas –de ahí que fuese un reloj astronómico- e incluso la disposición de los eclipses. La pieza era tan completa que también nos da información del día, el signo del zodiaco en el que nos encontramos etc.

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