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Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén

Publicado por A. Cerra

La iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén es uno de los templos más importantes de todo la Cristiandad. No en vano, esta iglesia se supone que se construyó en el Monte Gólgota, en el preciso emplazamiento donde fue crucificado Jesucristo, y donde posteriormente fue enterrado hasta su resurrección.

Un lugar venerado desde muy antiguo, de hecho el emperador Constantino fue el que hizo levantar aquí una gran basílica que según sus propias palabras debía ser “la más bella de la Tierra”. No hay que olvidar que Constantino oficializó el Cristianismo en el Imperio Romano. Sin embargo de ese templo original tan apenas ha llegado nada a nuestros días, después de sufrir reiteradas destrucciones e incendios.

Exterior de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén

Hoy en día es un edificio de lo más curioso, en el que sobre todo llaman la atención de las numerosas capillas existentes. Y curiosamente, esas capillas tienen distintos regentes, ya que el Santuario del Santo Sepulcro, o iglesia de la Resurrección como también se conoce, está gestionado por comunidades religiosas muy variadas. Están los coptos, los ortodoxos, tanto griegos como armenios, o los sirianos, entre otros. Y por supuesto también está representado el catolicismo con los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, que desde el siglo XIV por orden del Papa son los guardianes de este lugar.

En todo ese entrado de capillas, hay que destacar la del Calvario, donde se venera el agujero en el que se clavó la cruz de Cristo. Y también está ahí, la piedra de la unción, donde se supone que el cuerpo de Jesús fue ungido justo después el descendimiento.

Esa es la antesala de la zona más monumental del templo. Es la llamada Rotonda, por su planta circular cubierta por una cúpula sustentada por recias columnas. En ese espacio está el Edículo del Santo Sepulcro. Ese sería el lugar concreto donde permaneció tres días enterrado Cristo, antes de que resucitara.

La Rotonda dentro de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén

Por todo lo dicho, por su historia, por lo que cobija, por ser regentada por distintas religiones, por estar en Jerusalén y por ser vecina de otros lugares evangélicos como la Via Dolorosa del Calvario, el Monte de los Olivos o el Huerto de Getsemaní, hay que decir que estamos ante un templo distinto. No se parece a ninguna otra iglesia que conozcamos. De hecho, su acceso posee una fachada que en absoluto nos anticipa lo que vamos a ver.

Y una vez dentro se puede ver que la base es una planta basilical de varias naves, pero completamente rota por la presencia de numerosas capillas, dispuestas con una apariencia realmente caótica.

Ya hemos dicho que hubo una primera construcción en tiempos del emperador Constantino en el siglo IV. Pero lo que vemos hoy es principalmente obra de mediados del siglo XII cuando se reconstruyó por parte de los cruzados.

En fin, que estamos en un lugar que seguramente es más que una obra de arte o de arquitectura, e incluso los no creyentes son capaces de captar la espiritualidad que transmite este espacio.

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