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Iglesia San Carlo Borromeo en Viena

Publicado por Laura Prieto Fernández

La iglesia de San Carlo Borromeo de Viena también conocida como Karlskirche es uno de los mejores ejemplos constructivos que combinan elementos barrocos y rococós. Se encuentra situada en la ciudad de Viena cerca de la Ringstrasse.

Su construcción comenzó en torno a 1716, y fue encargada por el emperador de la casa de los Austrias Carlos IV. El emperador construyó un templo en honor a San Carlo Borromeo que había sido arzobispo de Milán y uno de los santos protectores durante las epidemias de peste que se sufrieron en el siglo XVI. Cuando una nueva epidemia asoló la ciudad de Viena en 1713 Carlos IV prometió que tan pronto como acabara la peste construiría un templo en honor al santo.

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Los trabajos fueron encomendados a Johann Bernhard Fischer von Erlach (1656 – 1723) el arquitecto más destacable de la época barroca. Pese a ser de origen austriaco y desarrollar en su ciudad natal su profesión, el arquitecto se formó en Italia. Allí pudo conocer los gustos clásicos del Renacimiento y las nuevas formas florecientes del estilo barroco. Durante los últimos años del siglo XVII fue uno de los artistas más reconocidos pero con la llegada al trono de Carlos IV quedó parcialmente desplazado por su rival, el también arquitecto vienés Johann Lukas von Hildebrandt. Bernhard Fischer no pudo ver acabada la obra de San Carlo y a su muerte le sucedió su hijo Emmanuel, también arquitecto y que había trabajado con su padre en la construcción del templo.

En la planta Fischer planteó una conjugación entre la iglesia centralizada y la cruz latina que da lugar a numerosos espacios y recovecos que se aprovechan como capillas menores o lugares de meditación.

La Karlskirche es un ejemplo único de arquitectura ecléctica, en ella se hacen patentes las formas clásicas que Fischer conoció durante sus años de formación en Italia. Así encontramos al exterior del templo un pórtico de corte clásico hexástilo y con frontón triangular que remite las mismas estructuras de la Grecia clásica. Aparecen además elementos del arte romano como las dos columnas trajanas que flanquean la entrada del templo y que representan los temas de la constancia y el valor.

De la zona exterior es importante señalar el planteamiento urbanístico que el artista barroco planteó para este conjunto; frente a la iglesia se encuentra una gran plaza ocupada por una gran fuente ovalada, los extremos de la fachada de San Carlo coinciden con la sección horizontal de la fuente y ésta actúa como precedente del templo, de manera que consigue a su vez aislarlo de la ciudad e integrarlo en la propia estructura de la plaza.

Al interior destacan los múltiples retablos y tallas de estilo barroco y rococó que conmemoran al santo patrón. En este sentido debemos destacar los frescos de la cúpula realizados por Rottmayr o el altar mayor realizado por lberto Camesina y Maximilian Brokoff, en el que se pueden apreciar las influencias de obras italianas como El éxtasis de santa Teresa de Bernini.

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