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Caja Postal de Ahorros en Viena, de Otto Wagner

Publicado por A. Cerra

A finales del siglo XIX y comienzos del XX el estilo modernista en sus diversas disciplinas artísticas se fue expandiendo por toda Europa, y curiosamente en cada país tenía unas cualidades propias que lo hacían diferente al de otras realizaciones contemporáneas. Ocurrió en las distintas artes, pero quizás sea en la arquitectura donde mejor se plasma ese carácter nacional de los distintos arquitectos modernistas, algunos de ellos verdaderos genios renovadores de este arte. Ese es el caso de Antoni Gaudí en España o de Victor Horta en Bélgica.

Caja Postal de Ahorros de Otto Wagner

Mientras que en Austria, o más bien el Imperio Austrohúngaro de la época, surgió otro arquitecto de enorme valía. Nos referimos a Otto Wagner, el cual por sus fechas de nacimiento está a caballo de la tradición y el Modernismo, y si bien este estilo ya le llegó a una edad avanzada, lo cierto es que supo adaptarse a la perfección a esas innovadoras corrientes, hasta convertirse en un adalid de las mismas.

Algo que en parte se debe a que fue un trabajador incansable, que aunque ya tenía un relevante prestigio, él seguía presentándose a concursos públicos para realizar nuevas obras. Y un buen ejemplo puede ser esta sede de la Caja Postal de Ahorros del Imperio Austrohúngaro en Viena, un edificio construido entre los años 1904 y 1912. Si bien lo más destacado sea la primera fase de construcción, a lo largo de tres primeros años en los que se levantó el cuerpo central y la fachada principal del edificio.

Ahí Otto Wagner, ya sexagenario, se nos muestra como un arquitecto de lo más moderno. Podríamos decir que ha roto con lo clásico y también con la arquitectura de la Sezession que había triunfado en la capital austriaca. De hecho no se había visto antes el particular revestimiento de la fachada a partir de placas pétreas sujetas mediante pernos metálicos visibles. Por cierto ese metal es aluminio, no muy usado antes, y que aquí también se emplea en la marquesina de la entrada o en diversas esculturas de gran tamaño.

Wagner consigue relacionar el aspecto estético del edificio con su función, ya que en la época se le calificó de “una enorme caja de caudales”.

Y una vez dentro nos espera un espacio que de alguna forma recuerda a los templos, ya que hay una especie de nave central más alta, y a los lados otras dos menores que es donde están las ventanillas para atender a los usuarios de la caja de ahorros. Y todo cubierto con una curiosa curva hecha de vidrio y hierro, a modo de abovedamiento. Pero no acaban aquí los materiales empleados. También hay baldosines cerámicos en las paredes y grandes ventanales para que entre la luz natural. En definitiva, un edificio con toda la personalidad del modernismo y de Otto Wagner.

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