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Palacio Monterrey

Publicado por Laura Prieto Fernández

Suele suceder a lo largo de la historia del arte y en especial de la arquitectura, que los diseños de algunos edificios resultan tan importantes como el edificio en sí, aunque éste en realidad nunca haya sido terminado. En este contexto podemos señalar que muchas construcciones arquitectónicas han marcado un antes y un después en el mundo de la arquitectura aun cuando en origen debieran ser todavía más espectaculares de lo que en realidad son. En la arquitectura hay muchos ejemplos de obras que no llegaron a acabarse según el proyecto inicial, la mayoría de las veces esto ocurría debido a una financiación insuficiente que dilataba demasiado la construcción o a un cambio en los parámetros artísticos del momento que acababan llevando a la obra por otros derroteros.

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La obra que aquí analizamos es uno de esos casos en los que, a pesar de tratarse de una arquitectura que no fue llevada a término según el proyecto inicial, su diseño tuvo tanta fuerza que acabó por convertirse en uno de los referentes arquitectónicos para épocas posteriores. De esta manera podemos señalar como El Palacio Monterrey situado en el centro histórico de la ciudad de Salamanca es una fuerte influencia para la arquitectura historicista que se llevará a cabo a lo largo del siglo XIX en España.

La obra fue encargada en la primera mitad del siglo XVI –los trabajos comenzarían en torno al año 1539- por el III conde de Monterrey Don Alfonso de Zúñiga y Acevedo Fonseca, y su esposa María Pimentel. El palacio pretendía ser una muestra del poder de la Casa Monterrey y así se diseñó. Bajo el estilo militar, con altas torres que flaqueaban las esquinas del palacio, Monterrey fue sin lugar a dudas, el edificio civil más imponente de su época.

En pleno Renacimiento español, la obra mantiene la estética plateresca en su construcción cuyo diseño fue realizado por el conocido arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón y ejecutado por Pedro Ibarra a todas luces hijo del también arquitecto Juan de Álava.

El edificio consta de un marcado carácter horizontal con tres pisos superpuesto y divididos en bandas por unas marcadas líneas de imposta. En los pisos inferiores los vanos abiertos en los paramentos son rectangulares, sin embargo, en el último piso los vanos se abren como si de una logia se tratase con ventanales de medio punto entre columnas con capiteles muy labrados.

Sin embargo, lo que realmente llama la atención en el Palacio de Monterrey de Salamanca es la crestería que corona el conjunto y lo recorre como una balconada, se encuentra calada con elementos decorativos que aluden tanto a formas animales como vegetales y humanas. Pese a resultar un edificio imponente el diseño de Monterrey era mucho mayor contando con nada menos que ocho patios y torres flanqueando las esquinas de palacio, un diseño que nunca llegó a concluirse.

En la actualidad, el Palacio pertenece a la Casa de los Alba y el edificio fue declarado Bien de Interés Cultural en 1929.

Categorías: Arquitectura, Renacimiento