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Puente dei Quattro Capi de Roma

Publicado por A. Cerra

El Puente dei Quattro Capi en Roma (de las cuatro cabezas por las figuras del dios Jano con que se decoró) también se conoce como Puente Fabricio. Y es el más antiguo de cuantos se conservan en la capital italiana, o al menos el que tras dos milenios de existencia sigue conservando su aspecto original, ya que esta construcción remonta sus orígenes al año 62 antes de Cristo, cuando se construyó en piedra para sustituir a uno anterior de madera que fue pasto de las llamas.

Puente Fabricio de Roma

El puente para unir el Campo de Marte con la isla Tiberina fue encargado por Lucio Fabricio, de ahí su nombre, ya que este personaje tenía el cargo de conservador de las vías públicas de la ciudad. Algo que podemos leer en la inscripción grabada en la piedra del puente: L(UCIUS) FABRICIUS C(AI) F(ILIUS) CUR(ATOR) VIAR(UM) FACIUNDUM COERAVIT (Lucio Fabricio, hijo de Gayo, superintendente de las vías, lo hizo construir).

Y desde esta isla, en mitad del cauce del río Tíber, hasta la otra orilla en el lado occidental, se tendió el Puente Cestio un poco después, si bien su aspecto ha cambiado respecto al original, algo que no ha ocurrido con el protagonista de este post.

El Puente Fabricio se prolonga durante 62 metros entre ambas orillas y tiene una anchura de 5,5 metros. Todo él se sustenta gracias a un pilar central que es el apoyo a dos grandes arcos, hasta 24 metros de luz, y tiene otro menor en la parte alta del propio pilar para permitir el paso de las aguas en el caso de crecidas, y así evitar una presión excesiva sobre la construcción.

Hoy en día se ve una elegante combinación de piedra blanca caliza para los arcos y un interior a base de ladrillo. Si bien originalmente sería de forma íntegra de sillería a base de piedra toba y revestimiento de travertino, tal y como se aprecia en el interior de las bóvedas. Y es que el puente fue restaurado en el siglo XVIII en tiempos del Papa Inocencio XI.

Es interesante fijarse en que las grandes arcadas no son los habituales arcos de medio punto. Lo cierto es que comienzan a cerrarse sobre sí mismos, lo cual estéticamente les da modernidad, pero estructuralmente consigue que sus bóvedas, que superan el semicírculo, transporten los empujes y las cargas más hacia el apoyo en el cauce, y menos al pilar central y los laterales de las orillas. Algo que todavía se refuerza por una estructura subterránea (o subacuática) de doble rosca con la que los arcos quedan sumergidos en el fondo del río. Además la estructura que vemos hoy se reforzaba con otros dos arcos menores en las orillas que hoy están enterrados. Sin duda una estructura de gran audacia y resistencia, como acredita su larga historia de casi 2.000 años.

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