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La Corona de los Muertos

Publicado por A. Cerra

Corona de los Muertos

El arte megalítico por su propia naturaleza se encuentra desperdigado por parajes remotos y ajenos a la civilización. No es habitual encontrar sus vestigios en lugares donde ha habido un poblamiento continuado a través de los siglos, ya que si así fuera, esas grandes piedras o se hubieran aprovechado para otros usos o sencillamente se hubieran destruido. Por ello el arte prehistórico basado en el uso de enormes piedras se halla en parajes naturales, desde Stonhenge en Inglaterra hasta los Menhires de Carnac en Francia, por citar solo dos ejemplos carismáticos.

También ocurre así con las muchas muestras de arte megalítico que se reparten a lo largo de la cordillera de los Pirineos, en cuya vertiente española, podemos hallar vestigios prehistóricos desde Cataluña hasta Navarra y País Vasco. Y hoy nos vamos a centrar en el conjunto que se encuentra en Aragón, concretamente en la zona denominada Selva de Oza, en el área más norteña de la provincia de Huesca.

Allí hay todo un espacio natural que se conoce como Corona de los Muertos donde se han hallado unas 120 formaciones circulares de piedra, unas formaciones que los historiadores han situado en el periodo Neolítico y que se cree que se fueron construyendo paulatinamente hace unos 5.000 años.

Son círculos de piedra que oscilan entre los 4 y los 10 metros de diámetro. Inicialmente los investigadores consideraron que se trataría de monumentos funerarios como ocurre con la mayor parte del arte de la Prehistoria. Sin embargo, cuando se realizaron excavaciones no se han hallado restos óseos, ni de cenizas que lleven a pensar en ese uso. De manera que se ha encontrado otra explicación.

Dado que son más de un centenar de estructuras semejantes las encontradas por este paraje boscoso, se cree que serían las bases de numerosas cabañas, cuya parte baja se construía a partir de piedras halladas en el río y en un cantera próxima, mientras que el resto de la construcción se haría con madera.

Posiblemente solo serían construcciones para el verano, cuando se asentarían aquí los pobladores, dado que en invierno las condiciones de frío, nieve y humedad pueden ser extremas. Aprovecharían ese tiempo para cazar incluso para pastorear pequeños rebaños, algo característico de este periodo neolítico. Y es que en las proximidades hay abundantes pastos y también zonas de caza. Como por ejemplo en el vecino valle de Guarrinza, donde además se han hallado numerosos monumentos megalíticos en forma de dólmenes, esta vez si con cámaras funerarias que indican su uso para enterramientos. Y se especula con que tal vez fueran la sepultura de los cazadores-recolectores que se establecían durante unos meses en el bosque de Oza.