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Buda Amida en el templo Byodo-in

Publicado por A. Cerra

Esta escultura de Buda se realizó hacia el año 1053 y hoy en día sigue en el templo de Byodo-in de la ciudad japonesa de Uji para la que fue creado. Pero no es esa la única sorpresa que nos ofrece esta figura, ya que es uno de los pocos casos de una obra tan antigua en la que conocemos su autor, un escultor llamado Jocho.

Buda Amida en Byodo-in

De hecho, se tiene mucha más información sobre esta creación. La ciudad de Uji se encuentra muy próxima a la monumental e imperial ciudad de Kyoto, donde se encuentran algunos de los templos más famosos del país como el famoso Pabellón de Oro. Pero además de templos, también había palacios de los hombres más poderosos del imperio pertenecientes a la dinastía de los Fujiwara.

El caso es que algunos de esos aristócratas también tenían exquisitas villas de recreo en Uji. Una de esas villas era la que tenía Fujiwara no Yorimichi, quién decidió transformarla en un templo a mediados del siglo XI. En esa transformación se creó el salón de Amida, donde hoy se encuentra esta escultura de Buda, que aparece en su personificación de Amida o dios de la Vida y de la Luz inconmensurables. Una deidad capaz de salvar a cualquiera que diga su nombre de forma repetida.

Pese al aspecto que a primera vista transmite, se trata de una obra tallada en madera que después fue pintada en color dorado. El resultado es el de una escultura radiante y enorme, ya que alcanza los 3 metros de altura.

Vemos un Buda monumental sentado sobre un pedestal compuesto por varias capas de flor de loto. La representación de esta flor tiene su lógica dentro de la iconografía del Buda Amida, ya que los creyentes pensaban que este dios bajaría para recoger sus almas tras la muerte y sobre flores de loto transportaría sus almas hasta el reino celestial.

Y además de la figura, también llama la atención la gigantesca aureola que hay tras ella y que parece una llama que lo ilumina. Una aureola tallada también en madera, en la que se distinguen motivos decorativos y también las figuras de músicos. Todo ello con un trabajo de extrema delicadeza, en forma de filigrana que luego recibe un baño de pan de oro.

También es de destacar por su delicadeza el modo de labrar el rostro de Buda, con un acabado mucho más fino que el resto de la obra. Gracias a ese acabado se puede apreciar mucho mejor la expresión contemplativa y serena. Y así se lanza el mensaje de su compasión, el cual además es recibido directamente por sus fieles, ya que Buda mira hacia abajo, hacia sus devotos. Un gesto que no es nada habitual en este tipo de esculturas.

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