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El Gótico tardío (V)

Publicado por Chus

La arquitectura de los siglos XIV y XV solía diseñarse sin considerar parte imprescindible de la misma a la escultura, la pintura o las vidrieras. Así, la mayor parte de las esculturas de este período no están incorporadas a los edificios, sin desdeñar a las que se colocaron en contextos ligados a la arquitectura.

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Un ejemplo de escultura exenta lo constituye la obra de Giovanni Pisano (1245-1314 aproximadamente), escultor, pintor y arquitecto italiano que trabajó en Siena y Pisa fundamentalmente. Entre sus obras destacamos el grupo escultórico en mármol “La Virgen con el Niño”, situada en el altar de la Capilla Arena de Padua, cerca de Venecia. Es un grupo que denota una gran influencia del arte clásico, como es habitual en muchas de las obras medievales italianas. Aunque el tamaño del grupo es inferior al natural, se muestra fundamental en la concepción artística del escultor que la escultura sea exenta, que exista y se plantee en el espacio del espectador y no presente la ilusión del espacio que da la escultura en relieve. En el románico y el gótico inicial las piezas exentas eran poco frecuentes, sin embargo sabemos que eran parte esencial del repertorio clásico griego y romano. Otras pistas que indican que Giovanni había estudiado la escultura antigua son la postura y el tipo facial de María que, en el románico solía estar sentada de manera formal, simétrica, hierática, en una actitud que puede parecer hasta severa, sujetando en sus rodillas al Niño que no mantiene ninguna comunicación con ella y también se muestra rígido, distante, y normalmente en actitud de bendecir. En cambio la de Giovanni Pisano se presenta llevando una corona encima del velo, está de pie llevando en su brazo izquierdo al Niño, en una actitud tomada directamente del natural, ya que la mayoría de las madres de la Italia de los siglos medievales, llevan al bebé con la mano izquierda y dejan la derecha libre para realizar otras tareas. La mano derecha de la Virgen descansa sobre su cuerpo, levantando la punta de su manto haciendo que caigan en cascada por su costado los pliegues del vestido en diagonal, que crean un bello contraste con los pliegues paralelos que descienden de su cinturón de modo semejante a las estrías de una columna. El peso del cuerpo de María descansa sobre su pierna izquierda y la parte superior de su cuerpo se curva bajo el ropaje en forma de “S”, gracias al ángulo inclinado que traza este cinturón alrededor del talle, a la inclinación de los hombros y al pie izquierdo que asoma bajo el borde del manto. Ese desplazamiento compensador del peso del torso recibe el nombre de “contraposto”. El rostro de María no presenta rasgos del denominado “naturalismo gótico”, sino más bien tiene una cara típicamente romana, con larga nariz, frente prominente y la mandíbula marcada.

Pero esta obra además de la influencia clásica descrita, presenta elementos de estilo gótico, como por ejemplo la manera de sujetar al Niño, alejándolo de su cara y cuerpo (para que ambas figuras pudiesen ser contempladas de la misma manera por el espectador), la comunicación que se establece entre las dos figuras, que ya no están absortas en sus pensamientos, sino interrelacionándose, de modo que el grupo parece ser una representación de un niño representado con su madre en una actitud de familiaridad.

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