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El intendente Ebih-Il

Publicado por A. Cerra

Esta escultura, que aproximadamente se hizo a mediados del III milenio antes de Cristo, es una de las mejores obras de escultura exenta de la cultura mesopotámica, concretamente de los sumerios, que ha llegado hasta nuestros días. Una obra labrada en alabastro que actualmente se puede ver en el Museo del Louvre de París.

El intendente Ebih-il

La escultura exenta en Mesopotamia responde a los mismos principios artísticos que los relieves, que por ejemplo decoran sus estelas. Es decir, se trata de figuras esquemáticas, en las que prima la frontalidad y el hieratismo. Todo ello rasgos de una fase muy temprana de la historia del arte.

Ese esquematismo se manifiesta en todo el cuerpo humano, pero es especialmente evidente en los rostros, donde sobre todo destacan los ojos, que como ocurre en este caso suelen ir con color para llamar más la atención. Por ejemplo, aquí ese color lo dan las incrustaciones de lapislázuli.

Esta obra representa al Intendente Ebih-il, que sería un alto cargo del gobierno. Y nos lo presenta en actitud orante, como queda claro por la posición unida de sus manos. Lleva una curiosa prenda de lana, con apariencia de abrigar mucho, aunque en realidad deja su torso al desnudo.

Seguramente, la obra se tallaría como un exvoto, para ser colocada en un templo, simulando que siempre está rezando ante la divinidad pertinente. Algo a lo que solo tenían acceso las clases más privilegiadas de la época, como sería el caso de alguien con el cargo de intendente.

Otro rasgo del primitivismo de la pieza es que queda muy evidente como era el bloque de alabastro en el que se talló. La figura queda encerrada en sí misma, y pese a liviandad que suele aparentar el alabastro, aquí no transmite la sensación de ligereza.

Por el contrario, quien la talló tenía una considerable maestría y finura al trabajar, ya que desde un primer vistazo se distinguen distintos tipos de texturas, según la superficie que represente, bien sea el cuerpo humano, la lana de su vestido o la madera de la silla. E incluso merece la pena detenerse en la barba tallada en tirabuzones.

Esos detalles, como la forzada sonrisa del rostro, le dotan de un poco de naturalismo a la figura. Pero ese no es el rasgo que la define. Tal y como hemos dicho lo más definitorio de la obra es su frontalidad y hieratismo, a lo que hay que sumar la simetría, así como una intención de reducir todas las formas a lo más simple y geométrico. No obstante, pese a su primitivismo es una obra muy importante para descubrir la evolución del arte en Mesopotamia.

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