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El “pasa murallas” de Jean Marais

Publicado por A. Cerra

En este nuevo post sobre esta escultura de vanguardia se mezclan diversas disciplinas creativas. Por supuesto hay que mencionar el trabajo escultórico en bronce realizado por Jean Marais en 1989. Pero también hay que hablar de urbanismo, al integrarse la obra en un espacio urbano del barrio de Montmartre en la capital francesa. Así como tenemos que mencionar la literatura, al tratarse de una figura inspirada en un relato del escritor francés Marcel Aymé. Y no solo eso, si se nombra al autor, Jean Marais (1913 – 1998) es obligado citar su carácter multidisciplinar. Un personaje que nos ha legado una enorme colección de obras de escultura, pintura, dibujo, diseño, moda y también cerámica. Pero sobre todo ha pasado a la posteridad como uno de los actores más considerados del cine y el teatro francés a lo largo del siglo XX.

El «pasa murallas» de Jean Marais

Es decir, Marais tuvo una intensa vida artística y creativa, en especial desde que su vida tanto artística como personal quedó unida al escritor Jean Cocteau. A partir de ahí pasó a formar parte de la intelectualidad del país. Y entre ella también se ubicaba el literato Marcel Aymé.

Este autor en 1943 escribió un relato que nos habla del señor Dutilleul, o lo que es lo mismo el “pasa-murallas”, ya que este gris oficinista un buen día descubrió que tenía el poder de atravesar los muros. Al comienzo no sabía para qué le podía servir tal habilidad, pero pronto vio que era una buena forma de planear ciertas venganzas a algún odioso compañero de trabajo. E incluso más tarde comprendió que su capacidad para cruzar los muros le podría hacer rico, cometiendo diversos robos, y aunque le atraparan, siempre podía huir de cualquier cárcel. No obstante, el final de sus aventuras es muy triste y acabó de emparedado, sin poder salir de un muro, que el relato precisamente ubica en esa zona de París.

El personaje alcanzó cierta fama desde su publicación en 1943. Y mucho después se hizo eco de él Jean Marais, quién proyectó esta escultura «Le passe-muraille» en la plaza parisina donde vivía el literato y donde ambientaba muchas de sus obras.

Así que hoy ya está integrado en el paisaje urbano de Montmartre, y son muchos los visitantes que acuden a contemplarla, y también a tocarla, como delata el brillo en una de sus manos. Y es que corren diversas creencias sobre ella. Desde que tocando esa mano se tiene suerte hasta que se puede pedir tener algún poder tan singular como atravesar los muros. Además de que siempre hay personas que hacen el bruto, empujando de la mano en un vano intento de sacar todo el cuerpo del personaje a la luz. La verdad es que el realismo de la figura y hasta su pose de saludar a los viandantes, parece ser una invitación a interactuar con él.

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