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Monumento al burócrata desconocido de Magnus Tommason

Publicado por A. Cerra

Estamos acostumbrados a ver en nuestras ciudades estatuas y monumentos dedicados a personajes relevantes del ámbito de la política, la ciencia o las artes. Estatuas que por decirlo de alguna manera tienen nombres y apellidos. Sin embargo, hay un tipo de homenajes de carácter anónimo que se repiten a lo largo y ancho del planeta. Son los llamados monumentos al soldado desconocido, donde los países rinden tributo a los caídos en sus guerras, a los soldados que en un momento u otro defendieron su patria.

Monumento al burócrata desconocido de Mágnus Tómasson

Pues bien, en un país como Islandia, que en la actualidad no tiene ejército y que no participado en conflictos bélicos en muchos años, dado su carácter remoto en el Atlántico Norte, no puede haber ese tipo de memoriales. Sin embargo, tienen una escultura muy curiosa en su capital, Reikiavik: es el monumento al Burócrata Desconocido.

Una obra que quizás no podía estar en otro lugar que no fuera la capital islandesa, donde todo es tan moderno, tan singular y tan cívico. Aquí es donde el escultor local Magnús Tómasson pudo colocar en 1994 una obra dedicada a los funcionarios. Esos personajes que trabajan en las oficinas de manera oscura y constante, y sobre los cuales recae tanto mérito como críticas por parte de los ciudadanos.

En este caso, también la figura nos permite diversas interpretaciones. Se reconoce a un hombre caminando, vestido con un traje típico de oficinista y que carga con su maletín supuestamente lleno de documentos y papeles. Pero la parte alta de su cuerpo se convierte en una inmensa roca de basalto sin pulir. Una carga muy pesada. Eso lo despersonaliza. Lo convierte en un ser anónimo. Pero, ¿qué significa? ¿Debido a su trabajo rutinario ya no tiene que pensar? O ¿precisamente su trabajo es una pesada losa con la que carga gustoso por el bien de la sociedad?

Y en cuanto a su maletín, ¿lleva documentación? O, ¿solo portaba un bocadillo que se ha comido tranquilamente en uno de los bancos que miran hacia el puerto de la ciudad y ahora se encamina lentamente, sin prisa hacia el vecino Ayuntamiento o la sede del Parlamento?

Por cierto ambos edificios son bien visibles desde el punto en el que está colocada la obra, la cual al principio se situaba en pleno centro de la gran urbe islandesa. Sin embargo, luego fue trasladada a este enclave junto al lago, de manera que adquiere todavía más sentido al relacionarse a la perfección con el entorno.

En definitiva, un fabuloso exponente arte urbano contemporáneo de los que invitan a reflexionar sobre el arte, nuestro tiempo y nuestra vida.

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