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Portada del Palacio del Marqués de Dos Aguas en Valencia

Publicado por A. Cerra

La idea de recargamiento y de horror vacui en la escultura tardobarroca y de estilo rococó seguramente tiene su máximo exponente en esta portada del Palacio del Marqués de Dos Aguas en Valencia, una ciudad española donde es cierto que hay un especial tendencia hacia este estilo artístico en su aspecto más abigarrado, y de hecho hay varios ejemplos de primera calidad y en distintas disciplinas artísticas, como es el caso de las pinturas murales de la iglesia de San Nicolás de Bari.

Portada del Palacio del Marqués de Dos Aguas en Valencia

Para hacernos idea de esa tendencia a un arte sobrecargado, basta con saber esta portada tuvo un diseño inicial realizado por un pintor rococó, Hipólito Rivera, que además realizó frescos en el resto de la fachada, si bien esas pinturas murales al exterior se han perdido con el paso de los siglos.

Estamos ante una obra de 1745, cuando el Marques de Dos Aguas encargó a Hipólito Rivera la remodelación de toda su casa solariega en Valencia. Para lo cual contó con la colaboración de diversos artistas, entre ellos el escultor Ignacio Vergara (1715 – 1776) que es el autor de la portada. Vergara fue un reconocido escultor valenciano, heredero de una saga de artistas y del que podemos encontrar diferentes tallas por los templos de la ciudad. Pero sin embargo, su gran obra es esta portada.

La puerta en sí está absolutamente rodeada de esculturas y relieves realizados en alabastro. No hay ni un solo centímetro sin labrar con imágenes de lo más alegóricas para alabar a los propietarios de la casona. De hecho, las figuras principales son dos grandes atlantes, cuyos cuerpos parecen serpentear y deslizarse por la pared, hasta acabar en dos cántaros de los que sale el agua. Es decir, se trata de una alusión al título del marquesado, así como a los dos ríos principales de las tierras valencianas: el Turia y el Júcar.

Hay más vasijas derramando agua, así como otros elementos cargados de significado, como leones, cuernos de la abundancia, frutos, mucha decoración vegetal así como diversos animales, elementos heráldicos, armas y hasta dos sirenas.

Y en la parte más alta una hornacina en la que se distingue una talla de la Virgen del Rosario. Si bien no es la original, sino una posterior. Inicialmente para esta hornacina talló Vergara una escultura de madera policromada de la virgen, que según las crónicas era hermosísima, pero en el transcurso de la historia desapareció y fue sustituida por la actual.

En conjunto sin duda alguna es apabullante, la sobrecarga visual es evidente, y aún así tenemos que hacer un esfuerzo mental e imaginarnos que cuando se concluyó el resto de la fachada estaba repleta la superficie de coloridas pinturas. Desde luego tenía que ser impactante para todo aquel que lo contemplara, que al fin y al cabo era el objetivo de quien lo había encargado y de los artistas que lo materializaron.

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