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Representación de esfinges en el Antiguo Egipto

Publicado por Laura Prieto Fernández

La esfinge se ha convertido, sin lugar a dudas, en uno de los iconos que mejor representan la cultura egipcia tan sólo detrás de las grandes pirámides. Tradicionalmente en el Antiguo Egipto se entendieron como un símbolo de poder y sabiduría que representaba al escalón más alto de la sociedad egipcia, el faraón. En realidad, parece importante establecer una clara distinción entre las esfinges de origen egipcio con la posterior evolución que este ser mitológico sufrió en la cultura griega, donde se le llegó a considerar como una suerte de demonio maléfico.

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A medio camino entre animal y humano la esfinge posee un cuerpo de león, que generalmente se representa recostado, y cabeza humana. El león se había utilizado desde la época tribal como un animal que representaba el poder y servía como guardián del pueblo; el rostro humano a menudo se dotó de ciertos atributos faraónicos como la barba postiza o el pañuelo real. Además se puede establecer en algunos casos incluso las diferencias entre las esfinges que representan varones o mujeres.

Su simbología no sólo se relaciona con el poder del faraón sino también con la vida de ultratumba de manera fue común encontrar estas representaciones en los monumentos funerarios o incluso grandes avenidas que conducían a los templos funerarios –por ejemplo el templo de Karnak- eran flanqueadas por cientos de esfinges que durante el Imperio Nuevo adquirieron una connotación protectora de estos lugares sagrados.

Quizás el ejemplo más conocido de esfinge sea la de Gizeh o Guiza, con unas enormes dimensiones –más de veinte metros de altura y casi cincuenta y siete metros de ancho- la Gran esfinge se localiza en la meseta de Guiza, a los pies de la pirámide de Kefrén la gran escultura hacía las veces de guardián de la necrópolis. Así su datación está estimada en torno al siglo XXVI a.C., perteneciendo a la IV dinastía. Ha sido realizada en piedra caliza y yeso y posteriormente policromada en llamativos colores de modo que el cuerpo se pintó de rojo y el rostro con franjas amarillas y azules; hoy, la mayor parte del yeso y la pintura se ha perdido a lo largo del tiempo pese a las sucesivas restauraciones a las que ha sido sometida. En su rostro se aprecian las facciones de Kefrén, aunque no se ha encontrado ningún documento que así lo atestigüe; llevaba la famosa barba y el pañuelo real. En la actualidad la esfinge ha perdido su barba y una pequeña estatua del faraón que portaba entre sus piernas delanteras además de haber sufrido desperfectos en la nariz.

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En mejor estado de conservación y de menores dimensiones encontramos una de las esfinges de la reina Hatshepsut que fue hallada en interior de su propio templo y que pertenece a la XVIII dinastía; ésta se encuentra es un buen estado de conservación y en ella se hace patente la distinción entre las esfinges masculinas y femeninas. De la misma época ero esta vez tallada en bronce y no en piedra se encuentra hoy en el Louvre la esfinge de Tutmosis III.

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